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El espejo que refleja nuestro interior

Aprender a soltar, herramienta y arte para elevarnos

 

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Voy por la carretera, pensando en este proyecto que se me ocurrió de escribir un libro con la participación de muchos aprovechando las bondades de la tecnología, asumiendo que podía recibir aportes de todos aquellos a quienes le interesa un mundo mejor y que saben que hacerlo pasa por su propio cambio interior, por la evolución de su conciencia, que en definitiva resuena en la conciencia colectiva.  Voy pensando en ello y al mismo tiempo, en cómo me he sentido al querer llegar a un público más numeroso. Debo confesar que mis estrategias no han brindado los frutos que había imaginado, pensé que sería más sencillo animar a toda esa gente que conozco y asumí que se incorporarían masivamente. He sentido frustración y ese sentimiento es una alarma para mí, algo no esta bien y se que debo cambiar. ¿Frustración haciendo un proyecto como este? Definitivamene debo hacer algo al respecto. Recordé entonces, mientras manejaba, algo en lo que he estado trabajando durante más de 20 años, una herramienta que me ha ayudado a conseguir paz interior y que momentos como este, ha sido de gran ayuda.

Aprender a soltar

“Simplemente suéltalo”, le digo a un compañero de trabajo que me habla de un incidente que tuvo el día anterior en la carretera. “Si, tienes razón. Lo que pasa es…” No dejo que termine, la frase, mi mirada le hace caer en cuenta que aun no lo ha soltado, y él mismo se dice en voz alta “Si, esta bien, lo voy a soltar”. Lo hemos hablado tantas veces, que cada uno no hace más que recordárselo al otro cuando por distracción lo olvida.

¿Pero, qué es esto de “soltar”?

Antes de hablar de esta herramienta a la que llamo “soltar”, voy a contar cómo fue que la descubrí.

El origen

Desde que estaba en primaria y durante todo el bachillerato, me acostumbré a estudiar uno o dos días antes de los exámenes. Hacerlo así me bastaba para obtener buenas calificaciones. Cuando llegué a la universidad todo cambió. El nivel de dificultad de las matemáticas de la universidad era abismal en comparación con lo visto en bachillerato, además, había iniciado el semestre con un grupo repitientes, 95% aproximadamentede los alumnos de mi clase, y estos asimilaban las clases a un ritmo que yo no podía sostener. Me di cuenta que estaba en serios problemas ya muy tarde. Cuando presenté el primer exámen, había estudiado duramente durante una semana y no entendía la mayoría del contenido, era como si las matemáticas de bachillerato habían sido sólo una distracción, un pasatiempos, y ahora de nada me servían. Por primera vez en mi vida, sentí miedo a una materia, además de desesperación y frustración. No tenía a quien acudir o pedir auxílio, y a la vez, mi orgullo estaba herido pues, siempre me había considerado inteligete, bueno para la ciencia, y había escuchado hasta el cansancio de parte de mis profesores que tenía habilidades para las matemáticas. Ahora, simplemente no entendía. El resultado del primer exámen fue un desastre, y los otros dos resultados no fueron distintos. Terminé aplazando la materia. Para colmo, mi papá me decía que tal vez debía cambiarme y que a lo mejor yo no había nacido para eso. Se que no lo decía por mal, pero en mi interior había una mezcla de amor propio, orgullo y ganas de demostrar que sí podía hacerlo. Ese año, repetí la materia en un curso de verano. Ya hacía tiempo que había cambiado mi método de estudio, pero aún había algo que ocurría cuando estudiaba: el miedo. Sentía un terrible miedo por no hacerlo bien, por volver a fracasar. Estudié como nunca, y esta vez si entendía lo que estudiaba, pero el miedo me acompañaba. Luego del primer exámen, que no reprobé pero cuyo resultado no me era satisfactorio, me di cuenta que algo pasaba, aun estaba aterrorizado y ese miedo no me dejaba mejorar lo suficiente. Un día, sentado en un parque mientras estudiaba el material del segundo lapso, me quedé observando la naturaleza y suavemente me fui relajando, hasta llegar a un estado especial de paz. Desde esa paz, me di cuenta que realmente estaba haciendo lo máximo, todo lo que estaba a mi alcance, no hacía más nada que estudiar. En ese momento, escuché una voz en mi cabeza que decía: “Si estas haciendo lo máximo que puedes, todo esta bien. Antes no lo hacías, pero ahora estas haciendo tu mejor esfuerzo, lo que ocurra a partir de ahora, no depende de ti”. Fue liberador. Sentí una paz que se esparció por todo mi ser, el miedo había desaparecido. Los resultados no cambiaron dramáticamente, pero pasé del terrible estrés en que vivía, a un estado de paz sutil. Esa fue la primera vez que “soltaba”, en este caso la expectativa por el resultado del exámen, y comencé a concentrarme en lo que sí dependía de mí, que era estudiar lo máximo que podía.

Hacer lo máximo que estaba en mi ámbito de acción y soltar el resultado fue algo que hice a partir de aquel entonces. Simplemente, dejaba de preocuparme y mi conciencia estaba tranquila, porque sabía que hacía lo máximo que podía.

Soltar

Soltar es simplemente dejar que ocurra lo que tenga que ocurrir, luego de que nosotros hemos hecho lo que teníamos que hacer. Soltar es no dedicar ni un segundo, ni un pensamiento, ningún esfuerzo, nada, a pensar en lo que pensando no vamos a cambiar. Soltar es liberarnos de la insana expectativa, para centrarnos en lo que sí podemos hacer y hacerlo. Soltar es invertir sólo en lo que sí puede dar frutos, es hacernos selectivos y efectivos con los recursos con que contamos.

Los resultados

Desde esa época, he estado practicando el soltar. Algunas veces y a pesar de haber estado entrenándome en esta técnica que considero sumamente útil, caigo en la trampa de abandonarme a algún pensamiento pegajoso, pero los hábitos rigen nuestras vidas, al final surge y se impone el soltar, cada vez más temprano. Así paso de carcelero, verdugo y víctima, a libertador y feliz libertado.

La utilidad

Aprender a “soltar” es una técnica en la que vale la pena invertir energía y tiempo. Recuerdo una vez en que me había enamorado terriblemente, y por supuesto, comencé a hacer la más terribles tonterías. Una de las tonterías más grandes mientras estuve viviendo sumido en la locura, fue no darme cuenta de que mi comportamiento me llevaba a la ruina, que mi estado mental no era sano, y sobre todo, que la relación en sí misma carecía de todo fundamento y sentido. En medio de todo ese torbellino mental, presa del más despiadado apego, y en medio de una guerra contra mi propia locura, fui capaz de desenvainar la inefable espada del soltar, esa herramienta fiel y útil que tanto me había ayudado antes, con ella pude cortar las terribles ataduras que había creado en mi mente. Lo difícil no era terminar la relación, sino mantener mi palabra de no sucumbir más al espejismo que me había empeñado en crear a fuerza de querer vivir un ideal que sólo existía en mi mente. Un buen día, me dije: “me prometo a partir de este momento, no dedicar ni un segundo en pensar en esa situación”.

Quienes nos conocían, una que otra vez me preguntaban cómo iban las cosas en la relación o me traían noticias de ella, y yo respondía amablemente, “no quiero hablar de eso”. Lo hacía con tal amabilidad, con tal gentileza y a la vez con tal firmeza, que la otra persona no insistía en el tema. Afortunadamente, hacía tiempo que ya había descubierto que incluso hablar de que ya no nos interesa algo por más de un segundo, era continuar aferrado a ese algo que decíamos haber dejado atrás. Algunas veces en terapia, alguna persona me habla del “desgraciado aquel” o de la “ingrata a aquella” de la cual se han olvidado, e invierten su valioso tiempo en hablar y hablar de la persona que se supone ya no está en sus vidas. Esto es sólo un truco de la mente, un artificio que nos permite quedarnos en el pantano que renegamos, aunque sea hablando mal del mismo. Cuando en realidad soltamos un asunto, simplemente no pensamos más en él, ni le damos cabida en nuestras vidas.

Aplicando el soltar en lo cotidiano

“Soltar” es realmente una herramienta elegante y poderosa. Sirve para momentos críticos y para situaciones cotidianas. Tengo la fortuna de vivir en un pueblito tranquilo, donde todo queda a menos de cinco minutos en carro, donde jamás hay tráfico y apenas hay un sólo semáforo. Cuando llegué a este hermoso pueblo, venía con el estrés citadino a flor de piel. Todo lo veía muy lento, y me exasperaba la manera en el que conducían los del pueblo. Luego, caí en cuenta que el apresurado era yo, que estaba lleno de estrés y que en realidad era yo quien debía desacelerarme, tranquilizarme y disfrutar de la paz. Comencé por soltar la necesidad de la rapidez al manejar y esto me ha ayudado. Ahora, cuando me encuentro atrapado en una cola al viajar a la ciudad, y siento desesperación al no avanzar con fluidez, hago conscientemente el ejercicio y suelto. Simplemente dejo de pensar en el tráfico, en la cola, y me centro en el momento presente. Me digo: “Suelto toda expectativa, y me centro en el momento presente, lo acepto tal cual como es en este momento”. Inmediatamente, todo cambia. Ya la cola deja de ser tan terrible, y una oleada de paz me embarga. Me doy cuenta de que mi percepción ha cambiado, porque en ese momento noto el brillo y la sombra de las cosas. Me hago consciente de detalles que antes pasaban desapercibidos, disfruto belleza donde antes no la notaba, y me quedo tranquilo. Puede ocurrir que me distraiga y luego vuelva a desesperarme, entonces simplemente, retomo el ejercicio de soltar y como siempre, me vuelve a ayudar.

La técnica

Si desea aprender a soltar, le sugiero en primer lugar, que sea paciente y gentil con usted mismo. Los pasos que yo sigo para soltar son los siguientes:
1. Identifico un pensamiento que me perturba o desagrada.
2. Evalúo qué puedo cambiar en mí o qué puedo hacer y lo hago.
3. Dejo de pensar en la situación.

Todos los puntos son importantes, pero el punto tres es clave. ¿Cómo dejamos de pensar en algo en particular? Dejar de pensar en algo en particular, es muy sencillo, debemos pensar en otra cosa. No sirve luchar en contra de un pensamiento, diciendo “no quiero pensar más en…”, esto no funciona pues, en lugar de desaparecer el pensamiento que no deseamos, le damos mucho más fuerza. Invariablemente, pensar en que no se desea que algo ocurra trae como resultado que en nuestra mente surjan imágenes asociadas con lo que se supone no deseamos, esto es lo que hace que atraigamos lo que más tememos, ocurre porque simplemente lo mantenemos en la mente. Por esta razón, para apartar nuestra mente de algo que no deseamos, debemos enfocarla en algo que sí deseamos.

¿Y entonces, a dónde apuntar?

He visto en películas, que personas que no están entrenados para manipular armas, apuntan hacia los acompañantes sin percatarse del riesgo en que los ponen. Sucede porque no tienen la pericia o la conciencia del uso de la misma. Tal vez saben lógicamente que no deberían apuntar a sus acompañantes con el cañón del arma para evitar accidentes, pero inconscientemente lo hacen, no lo tienen internalizado. De igual forma, la mente es como un arma, y una muy poderosa, si no nos entrenamos en su uso, apuntaremos irresponsablemente a cualquier dirección. Sugiero entonces, cuando desee apartar un pensamiento de la mente (etapa 3 de soltar), elija entre estas tres alternativas:

1. Evoque el pasado: Traiga al presente, un momento grato que lo haga sentir bien y que no tenga nada que ver con lo que desea soltar. Por ejemplo, si está en una cola, traiga el recuerdo de un día agradable en el parque o en la playa, revívalo con todos sus sentidos, recuerde lo que veía, los colores, el brillo de las cosas. Perciba los sonidos del recuerdo, como si estuviera en el sitio, imagine que los escucha nuevamente. Ahora agregue los aromas, ¿había uno en particular que recuerde? Ahora, piense en cómo se sentía, y conéctese con esa sensación, deje que recorra todo su cuerpo. Puede continuar recordando más detalles, explorando con todos sus sentidos, o pasando a otros recuerdos agradables. Es muy útil, si siente agradecimiento por la oportunidad de atesorar recuerdos como ese. Deje que el agradecimiento también se expanda.

2. Visualice el futuro: Imagine algo que desee lograr en el futuro, que no tenga nada que ver con la situación a soltar, y llene esa visualización con muchos detalles. ¿Qué va a ver cuando la situación que desea ocurra? ¿Quiénes lo estarán acompañando? ¿Ve sus rostros sonrientes? Vea los colores, los brillos, los matices. Agréguele sonido a su creación. ¿Hay alguna conversación?,¿Qué le dicen?, ¿Qué oye?. Agréguele olores. Añada sensaciones. ¿Qué siente?, ¿Cómo se sienten sus seres queridos?. Puede imaginar lo que desee, siempre y cuando no se relacione con lo que desea soltar.

3. Centrarse en el momento presente: Los otros dos métodos son muy buenos, y funcionan, pero centrarse en el momento presente en mejor aún. Comience por tomar conciencia de su respiración, respire un par de veces profunda y lentamente llenando la parte baja del abdomen para que sus pulmones se expandan. Tal vez en este momento lo esta haciendo, ¿verdad?, se siente muy bien, ¿cierto?. Cuando respiramos y lo notamos, cuando lo hacemos consciente, ponemos la atención en lo más esencial de nuestras vidas, volvemos la atención al orígen de nuestra existencia, es el equivalente de apretar el botón “Reset” en un computador personal. Respire y vaya dejando que su respiración sea cada vez más natural, pero mantenga su atención en ella. Observe cuando el aire ingrese, sienta como se hincha su estómago, sienta cuando deje de entrar el aire, note cuando comience a salir, note cuando deje de salir, y así sucesivamente; observe su respiración. Puede seguir con su atención en la respiración o pasar a observar su cuerpo, a sentirlo. Sienta sus pies, percíbalos, y dele las gracias a sus pies por la labor que hacen, envíeles amor en forma de luz o calor, imagine que ese amor viaja con el aire que ingresa a usted en cada respiración, y siga luego con los tobillos, pantorrillas, rodillas, hasta llegar a la cabeza. Hágalo hasta haber dado gracias y enviado amor a todo su cuerpo, hasta que  haya quedado envuelto en luz o calor. Le prometo que se sentirá estupendamente bien si lo hace.

Si en algún momento, vuelve a retomar lo que desea soltar, no se moleste ni se juzgue. Vuelva amorosamente, con suavidad y gentileza, a aplicar la técnica. Recuerde que puede elegir, entre pasado, futuro o presente. Lo importante es poner la atención en lo que sí queremos.

Termino de escribir esta reflexión y me siento muy bien. Hace rato que apliqué la técnica, y se que debo seguir adelante sin siquiera mencionar lo que quería dejar atrás porque sería ponerlo denuevo en el tapete. Así que por un tiempo, evite incluso celebrar el haber olvidado un tema, simplemente suelte el tema, piense en él como en un lastre que no le permitía ascender, y disfrute del proceso de elevarse, suba, siga subiendo y ascienda hasta el cielo.

Lornis Hervilla © 2012

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Esta entrada fue publicada en 27 de julio de 2012 por en Apego, consciencia, discernimiento y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , .
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