Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

Las Zanahorias

Cuentan que un día un hombre que tenía una plantación de hortalizas, necesitaba transportarlas al mercado para venderlas al final de la cosecha. Había empleado casi todo su dinero en cestas, sacos para las verduras y en materiales para reparar la carreta, pero la mula que tiraba del carro cayó enferma y murió. Con el poco dinero que tenía, fue al mercado muy temprano para buscar un asno lo suficientemente fuerte para tirar de la carreta. Todos los animales que le parecieron interesantes, costaban mucho más de lo que el campesino podía pagar. Al final del día, y ya cuando el campesino se disponía a regresarse a su casa, vio a uno de los vendedores de burros que saltaba y profería las más terribles maldiciones. Al parecer, uno de los equinos, de considerable tamaño, se empeñaba en permancer en aquel lugar. El campesino al ver el problema del vendedor, le ofreció el dinero que tenía a cambio de aquel burro fuerte y testarudo. El hombre accedió de buena gana y en partió con el dinero y el resto de los burros pensando en que había hecho un negocio estupendo. El campesino acarició al burro que estaba un tanto agitado y le dio una zanahoria. El burro se mostró muy interesado por su dulce sabor y en seguida se la terminó. El campesino entonces, se subió al lomo del burro mientras ofrecía otra rica zanahoria que fue comida rápidamente. Entonces el campesino ató una zanahoria a la punta de un palo y la colocó al frente del burro. Este, muy entusiasmado por la promesa del manjar, echó a andar a buen paso, con el fin de alcanzar la zanahoria que seguía suspendida a escasos centímetros de su nariz. De vez en cuando, el campesino dejaba que el burro mordisqueara la zanahoria y así lo fue haciendo hasta que sin invertir más de cinco zanahorias en el trayecto, llegó a buen tiempo a la granja y en los días siguientes, llegaba felizmente cargado con su cosecha al mercado y su burro descansaba tranquilo mientras dormitaba soñando con la promesa de las zanahorias.
(anónimo)

Cada vez que pienso en la motivación pienso en este cuento, y es que la palabra motivación, viene del latín “motivus” que significa: causa del movimiento. La motivación del burrito del cuento era comerse su rica zanahoria, la del campesino, conseguir que el animal se moviera, la del vendedor hacer un buen negocio, etc. Cada una de estas ruedas se movieron porque había algo que las impulsaba. Qué importante saber qué nos impulsa, cómo podemos lograr el impulso cuando partimos del reposo o qué nos ayuda a mantener o acelerar el ritmo cuando lo necesitamos, conocer esto nos da la posibilidad de movernos a voluntad.
También es importante descubrir las “zanahorias” que ponen en movimiento a quienes están a nuestro alrededor, porque así se nos hará más fácil lograr sincronizar nuestros movimientos con los de ellos, haciendo que las ruedas se muevan de manera en que todos obtengan lo que quieren o de que por lo menos, se acerquen a eso que anhelan.
Hay que tener en cuenta, que el campesino dejaba que el burrito mordiera la zanahoria de vez en cuando. En ocasiones, hay “campesinos” que hacen uso de la misma estrategia, pero sin permitir que el “burro” muerda jamás la zanahoria. Hacerlo así va a provocar que hasta la bestia más descerebrada en algún momento decida dejar de perseguir la utópica zanahoria. Por otro lado, dejar que el burro consuma, cuantas zanahorias desee tampoco es una buena estrategia, ya que se saciará o incluso, llegará el punto en que habrá comido tantas que las aborrezca. Debe entonces haber un balance que permita mantener la esperanza de la recompensa y la seguridad de que el esfuerzo valdrá la pena.
Ahora, cuáles podrán ser las “zanahorias” que impulsan a las personas.
Bueno, tal vez sea una lista muy extensa, pero pudiéramos reducirlas a unas cuantas categorías, de hecho, podríamos decir que podemos ver que las personas se mueven por dos grandes razones: Para alejarse del dolor o para acercarse al placer.
Generalmente ambas motivaciones están presentes cuando nos sentimos motivados. Una nos aleja de lo que no queremos y la otra nos atrae a lo que sí deseamos.
Ahora, dentro de estas dos grandes pulsiones, hay diversos “sabores”. Podemos entonces desglosar un poco más las causas que nos motivan. Así tenemos que a grandes rasgos nuestras motivaciones se originan en alguno de estos deseos:
El deseo sexual, el de ostentar poder, el deseo por tener dinero, el de ser aceptado, el de ser buenos, el deseo de venganza, el deseo de “quedar bien”, el de ser original, el de estar a la moda, el de ser único, el de ser uno más, el de estar en paz, el de estar acompañados, el de estar solos, el de no sentirnos solos, el de trascender, el de estar saludables, el de comer bien, el de descansar, el de divertirnos, el de controlar, el de obtener lo que queremos, el de no ser juzgados, el de juzgar, el de ser amados, el de amar, el de ser respetados, el de ser escuchados, el de ser reconocidos, y así sucesivamente.
Si nos fijamos bien, notaremos que hay un patrón que se repite constantemente en todos los agentes motivantes: el deseo. Ya sea para alejarnos o acercarnos, el deseo está presente.
¿Será que el deseo es parte de la motivación? Y si así fuera, qué y cómo cuándo pudiéramos aprovechar de esto.
Si el deseo es principalmente el elemento que nos impulsa o motiva, entonces ¿cómo hacer para despertarlo y dirigirlo según nuestros intereses? ¿Será posible usar ese deseo implícito en las personas, para hacer que se muevan en la dirección que nos interesa?
Si partimos de la creencia de que para conocer a los demás primero debemos conocernos a nosotros mismos, entonces antes de ir por la vida orientando o estimulando el gusanito del deseo en la personas, debemos conocer cuáles son los deseos que nos impulsan a nosotros, cuáles son nuestras zanahorias. Y si aún no estamos convencidos de emprender esa búsqueda interna, hagámonos las siguientes preguntas: ¿Estoy seguro de que lo que hago, es lo que genuinamente lo que deseo, o tal vez se debe a que ataron ricas zanahorias en mi nariz y me estoy alejando de mis sueños?
¿Será posible que me haya encontrado alguna vez con una vida que no me gusta? ¿Será que hay una “reina de las zanahorias”, un genuino deseo profundo que los arropa a todos con los que puedo alinear todos mis intereses?
Estas preguntas, sólo podemos responderlas si nos adentramos en nuestro interior. Muchas veces, esas zanahorias son creencias que de manera inconsciente nos llevan por caminos que realmente no nos interesan. Por ejemplo, en algunas consultas las personas me plantean que odian querer complacer a sus jefes, a sus padres, a sus hijos o a sus parejas, pero actúan así ya que sienten tremendos remordimientos si no lo hacen. Es decir, les cuesta muchísimo decir no a sus peticiones, debido a que de alguna manera aprendieron (inconsciente para ellos) que mostrar amor o aprecio es sinónimo de incondicionalidad. En sus mentes, en su sistema de creencias hay una asociación, que no existe realmente que los lleva a tomar acciones que van en contra de sus verdaderos deseos pero lo hacen porque sienten que traicionan o defraudan si dicen que no. Con esto no quiero decir que este mal complacer o acceder a las peticiones que nos hagan, pero debe haber un sano equilibrio en esos regalos que hacemos, una manera que no comprometa nuestra salud emocional y mental.

Lornis Hervilla  © 2012

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Esta entrada fue publicada en 13 de junio de 2012 por en PNL, Relaciones y etiquetada con , , .
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