Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

Para qué sirve la fe

Me parece encantadora la manera como el libro de Hebreos del nuevo testamento, define a la fe:

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.   Hebreos 11:1

Cuando yo tenía diez años contaba con dos hermanas. Una de ellas siempre existió para mí, porque desde que tenía uso de razón estuvo conmigo; yo soy mayor que ella año y medio. Andábamos para arriba y para abajo siempre, jugando y haciendo travesuras, divirtiéndonos juntos y sobre todo, observando un código secreto de absoluta fidelidad. Ella y yo, éramos una pandilla de dos.

Cuando tenía ocho años y ella casi siete, la familia creció al nacer nuestra hermanita. En lo particular, el día que llegó a la casa se me movió el piso, pero al verla y cargarla, supe que la querría para siempre. Súbitamente se convirtió en el objeto de los cuidados más esmerados por parte de mi hermana y de mi propia persona durante los primeros meses. Esto lo hicimos a pesar de las negativas de mi mamá que nos advertía que no era conveniente, pero luego descubrimos que las advertencias eran verdad y que los niños se acostumbran a todos esos mimos excesivos con facilidad y se convierten en tiranos. Entonces, lo que había sido novedad y disfrute, se convirtió en poco tiempo, en un martirio, y la adorable hermanita a fuerza de llantos nos mantenía subyugados, exigiéndonos determinados paseos en coche, golpecitos rítmicos en la espada para dormir, movimientos suaves de la cuna, entre otras cosas. Mi mamá entonces nos decía: “yo se los dije” y se encargaba de que satisfaciéramos los deseos de la pequeña villana.

Nos quejábamos de sus caprichos, pero lo cierto era que no los habían advertido. Además, la niña era tan linda que después de un rato, olvidábamos que la habíamos malcriado y seguíamos consintiéndola. En aquel entonces nadie se imaginaba que año y medio después, contraería una terrible enfermedad que había cobrado la vida de cientos de miles de niños.

La fe en lo cotidiano

La manera como se desenvolvieron este y otros hechos, marcaron mi vida para siempre. A través de estas experiencias, comencé a comprender qué era eso de la fe. Este conocimiento, estas vivencias, estas experiencias han sido muy útiles en mi vida y para ayudar a otros a encontrar su camino a través de simples conversaciones, además de la terapia y los talleres.

En este momento estoy convencido de que sin fe, el mundo no duraría ni un segundo. Quedaríamos literalmente paralizados. Tal vez piense que exagero, pero ya mostraré que no. Desde los actos más triviales, desde los más cotidianos, hasta lo más complejos y exporádicos, debemos actuar con fe para poder seguir adelante. Piense en un momento en lo que significa caminar. Este acto que realizamos a diario, que nos permite desplazarnos de un lugar a otro, implicó en el inicio de nuestras vidas, una gran dosis de fe que tal vez no recordamos, aunque sólo basta ver a un bebé de un año para saberlo. Se requiere de una tremenda fe para que ese niño pueda aprender a caminar. Todos nos caemos muchísimas veces, nos golpeamos, pero seguimos adelante, confiando en que lo lograremos, hasta que a fuerza de practicar lo logramos. Pero ¿qué mantiene a un niño en su esfuerzo, qué lo hace pararse una y otra vez y seguir adelante? Pues la fe, la confianza de que si va a lograrlo. Incluso, luego de adultos, caminar implica desequilibrar nuestra posición hacia adelante. Adrede, perdemos el equilibrio por un momento porque tenemos fe de que con el próximo paso, lo recuperaremos. Es un acto simple y hermoso de fe, que si pasa desapercibido no es por no ser maravilloso, sino por lo asiduo y cotidiano.

Ahora imagine que ya está en edad de salir por su cuenta, y toma un autobús. Hacerlo es confiar en que no le va a ocurrir nada al salir, lo cual ya es un acto de fe. Al pagarle al chofer, asume que este le devolverá el cambio (otro acto de fe). Además, confía en que el chofer recordará la denominación del billete que le entregó. Podría ocurrir que usted le entregara un billete y el chofer le dijera que no lo hizo o que le dijera que el que le entregó era de menor denominación, sin embargo, esto no suele ocurrir y ni lo pensamos, sólo confiamos, tenemos fe. Esos instantes donde usted entrega el dinero y espera durante cualquier transacción, son cotidianos actos de fe, de confianza en algo que no tiene necesariamente que ocurrir, pero que esperamos sin dudas que ocurran sin cuestionar en absoluto que no sucederá así.

Siguiendo con lo del autobús, si no sabe la dirección a donde se dirige, puede pide al chofer que por favor lo deje cerca, e incluso, puede hablar con el desconocido, tal vez el de al lado y preguntarle si sabe conoce la dirección y pedirle que le sugiera una parada, confiando en que lo va a ayudar, esto también es fe. Pudiéramos ir al otro lado del mundo, y hacer lo mismo, incluso sin tener idea del idioma que hablan los locales, obtener resultados semejantes. Sólo con las señas, podríamos ser capaces de ir de un lugar a otro, conseguir alojamiento, comida y hasta hacernos de pareja, usando sólo señas, confiando en que si vamos a lograrlo, teniendo fe.

Los científicos y la fe

Cuando digo científicos, me refiero a aquellos hombres que siguen con rigurosidad el método científico. Algunos de ellos dicen estar interesados sólo en lo que se puede comprobar. Un grupo importante no cree en Dios, o en divinidad alguna, ni en el espíritu, alma, u otras cosas de naturaleza sutil que no se puede comprobar a través del método del cual hacen uso. Ahora bien, muchos de ellos, asumen algunas verdades que no han comprobado personalmente para poder continuar con sus estudios desde un piso de conocimiento, verdades que no han sido probadas por ellos sino por otros. La pregunta es ¿cómo saben que realmente los otros, siguieron rigurosamente el método científico? Aceptar el resultado de esos laboratorios, o de otros científicos, es necesario puesto que si no lo hicieran, tendrían que probar todo ellos. Sería imposible que les diera tiempo hacer algo así, sería imposible. Entonces, no les queda de otra que confiar en ciertas instituciones. ¿Esta confianza, a qué se le parece?. Considere lo siguiente, ¿no cree usted que embarcarse a desarrollar un determinado estudio o teoría, donde la intuición juega un papel importante, no es en sí mismo un acto de fe?

Abrigar la esperanza en desarrollar una nueva técnica, un nuevo proceso, una nueva medicina, ¿no es acaso un acto de fe? Entonces, la fe, aunque el término resulte incómodo para algunos, está presente en el ámbito científico.

En la historia

¿Alguna vez se ha preguntado si la historia que conocemos es verídica? ¿cómo saber si realmente fue este personaje y no aquel, quien dijo aquella frase, o el que realizó aquella acción? ¿Tenemos manera de comprobarlo de forma en que no haya duda alguna al respecto? En la mayoría de los coasos, no hay manera de comprobarlo, incluso, se ha demostrado que algunas de las historias más difundidas y conocidas, en realidad no ocurrieron, o no sucedieron como cuentan los libros de textos o como las enseñaron en la escuela, pero no nos queda más remedio que confiar y seguir confiando en los historiadores, y este acto es sin duda alguna es fe.

En la pareja

Cuando elegimos a la persona con la que decidimos pasar el resto de nuestras vidas, hacemos un acto de fe. ¿Hay garantías de que la relación sea positiva? ¿Cree usted que por el hecho de firmar un papel o presentarse ante autoridades religiosas, en realidad se garantiza la buena convivencia? Claro que no, si así fuera, no habría divorcios. Incluso, hay quienes están cansados del matrimonio o se sienten frustrados en sus relaciones, y se dedican a advertir o atemorizar a quienes pueden, con terribles historias como para disuadirlos a que comentan su “mismo error”. O quienes dicen envidiar a quienes son solteros, porque así podrían “gozar de la vida”. A pesar de todo esto, de los chistes y las advertencias, muchos decidimos arriesgarnos. Esa apuesta a que nosotros si lo lograremos, a que haremos las cosas de nanera distinta, es un acto de fe.

En la concepción del ser humano

La misma concepción de un bebé es un acto de fe. Confiamos en que todo va a salir bien, en que ocurrirá el milagro de la fecundación, en que el bebé será sano, sin reparar en toda esa larga serie de complejos procesos que se manifiestan con una inteligencia tal, que todos asombra y nos causa maravilla ante tanta perfección. Simplemente, quienes hemos sido bendecidos con el rol de  padres, asumimos que todo estará bien; hacerlo es un acto de fe.

La fe y su relación con los milagros

Ir por el empleo que queremos, apostar a conquistar a la persona que nos gusta, elegir una carrera que nos agrada, son actos de fe. Cuando los alcanzamos, podemos llamarlos milagros. Un milagro siempre está precedido por un acto de fe, y mientras mayor la fe, mayor el milagro. Hace poco, en mi trabajo se abrió un consurso para asistir a un curso en el extranjero, algunos pensaron que no era cierto y no participaron, otros lo hicieron con desgano. Yo recuerdo que cuando envié la forma, estaba entusiasmado y me imaginaba montandome en el avión y disfrutando de la experiencia. Un día me llamaron para decirme que asistiera al exámen (un día antes del exámene), el cual se haría en otra ciudad y yo no tenía pasaje de avión, ni reservación de hotel ni maleta ni nada arreglado. Llegué al exámen milagrosamente, y presenté. Luego de tres meses dieron los resultados y sorpresa, había sido seleccionado. Para aquel entonces, la gerencia a la que pertenecía estaba siendo reestructurada, prácticamente me quedé en el aire a nivel de presupuesto, pero milagrosamente apareció la figura financiera que respaldaría mi viaje. A dos semanas del viaje, me di cuenta que mi pasaporte estaba vencido. Por lo general, renovar el pasaporte tomaba de dos a tres meses, sin embargo, yo estaba seguro de que lo lograría en menos de dos semanas. Muchas personas me dijeron que no lo lograría pero mi fe era tal que simplemente seguí adelante. Obtuve mi pasaporte a tiempo (milagrosamente), y viajé. Para mi, no sólo se trataba de hacer ese viaje que tanto quería, sino de comprobar una vez más que cuando tenemos fe, ocurren los milagros.

La fe en la salud

Recuerdo que cuando tenía once años, mi mamá nos dijo que tendríamos otro hermano. Todos palidecimos, porque ella casi muere cuando nació mi hermana menor. También nos dijo que el médico le había recomendado no tenerlo porque era muy riesgoso, dado su antecedente. Estuvo días pensando y hasta llegó a preguntarnos qué opinábamos nosotros. Como yo no me quería quedar sin ella, le dije que lo mejor era que no lo tuviera, creo que todos le aconsejaron eso. Sin embargo, ella decidió tenerlo y la verdad fue que todo marchó bien. Hoy mi hermano tiene veintisiete años y se casó recientemente. Esto sin duda fue un tremendo acto de fe por parte de mi mamá, uno de los que me ha influenciado profundamente.

A mi abuela paterna le diagnosticaron cáncer en el estómago, y los médicos le daban escasos meses de vida. Mi papá, que es una de las personas no religiosas con más fe que he conocido, decidió que sí valía la pena la operación. Los médicos le habían sugerido que no lo hiciera, dado que éramos pobres y hacerlo implicaba una gran suma de dinero, y queigual no cambiaría el pronóstico de vida de ella. Pero él decidió seguir adelante. A mi abuela la operaron, y luego de la operación y tras el asombro de los médicos, llevó una vida normal por más de veinte años.

Mi hermanita, la que tenía dos años y que había sido víctima de la extraña enfermedad, fue internada en el hospital de niños. Si mal no recuerdo, duró allí más de dos semanas, y a mis padres no le daban esperanzas, la habían desahuciado. Uno de los médicos pediatras sin embargo, director del hospital, decidió hacer todo lo que estaba a su alcance, y tras aplicar varios tratamientos para ver cuál le servía, halló uno que logró el milagro que todos habíamos esperado. Al poco tiempo, fue dada de alta para seguir con nosotros hasta el día de hoy. Ella misma, luego de quince años de haber sido la primera en el mundo se salvarse de la extraña enfermedad, sufrió un accidente que casi le cuesta la vida, se lastimó principalmente las manos y casi muere desangrada. En ese entonces estudiaba odontología en la universidad. Después de pasar el principal peligro, tuvo que someterse a una operación para que le reconstruyeran los tendones de la mano. Algunos le habían dicho que mejor se olvidare de estudiar odontología porque habían serias dudas de que pudiera recobrar la movilidad. Al final lo logró, luego de trabajo y un año de terapias y volvió a la universidad.
Pasado un tiempo, sufrió otro desafortunado accidente, esta vez automovilístico. Estaba tan gravemente herida, que los rescatistas pensaron que estaba muerta. Esta vez también volvió a zafársele a la muerte, y milagrosamente pudo recuperarse en cuestión de meses. Finalmente, continuó sus estudios y logró graduarse. Actualmente ejerce su carrera.

Me siento realmente agradecido por haber sido testigo de todas estas historias. Un espectador de primera fila, en el escenario de la vida, donde sin duda la fe ha dado lugar a los milagros más asombrosos. Creo que los actos de fe, los cotidianos y los que no lo son, implican cambios en nuestra conciencia. Es como si la fe ampliara nuestros horizontes, nuestras posibilidades, poniéndonos por encima de las leyes físicas conocidas, dándonos la oportunidad de ejercer nuestro rol de dioses. No tiene que ver con la religiosidad, ni con sentirse dignos o puros, sino con creer sin duda alguna, en lo que queremos.

Una de las cosas que he notado es, que cuando hay fe, hay paz y hay rendición. Nos rendimos a lo supremo, nos rendimos a la incertidumbre, a no saber cómo, a no guiar sino dejarnos guiar, nos rendimos amorosamente a que obre una inteligencia que está más allá de nuestro entendimiento mental y limitado. La paz ocurre porque sabemos que estamos siendo escuchados, que el milagro está naciendo y que es cuestión de tiempo que termine de manifestarse.

En todas estas ocasiones que he descrito, he sido testigo de la fe y de los milagros que le han seguido, y eso me hace sentir un profundo agradecimiento, ya que mi fe se ha fortalecido cada vez más y más. Si me preguntaran para qué sirve la fe, diría que sirve para hacer milagros.

Lornis Hervilla © 2012

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Un comentario el “Para qué sirve la fe

  1. Merli
    11 de agosto de 2012

    Muy hermoso tu articulo, y he visto de cerca la maravillosa accion de la fe. En mi propia experiencia de vida y me siento muy agradecida y fortalecida porque los milagros existen y son cotidianos, algunas veces no nos damos cuenta, solo cuando es grande el requerimiento es que le prestamos atencion. Pero recuerda que cada dia es un milagro, cada nacimiento es un milagro y el hecho de estar cerca y juntos en esta vida tambien lo es.

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Esta entrada fue publicada en 10 de agosto de 2012 por en consciencia, sabio, Ser, Sin categoría y etiquetada con , , , , , , , .
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