Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

La dinámica de las relaciones

Dinamica de relaciones

Antes de comenzar a hablar de la dinámica de las relaciones, quiero señalar que para este escrito, las relaciones serán las interacciones que tenemos con el mundo “interno” y “externo”.

Lo Interno será toda aquella interacción con nuestro propio ser, sean imágenes internas creadas o recordadas, diálogo interno creado o recordado o sensaciones internas o recordadas. Lo Externo, serán los estímulos originados fuera de nuestro ser, independientemente del canal o los canales de comunicación que intervengan.

Por esta razón, hablaré de la dinámica de las relaciones con nosotros mismos y con los demás, de cómo estas relaciones son dirigidas u orientadas por una serie de factores que nos son inherentes e inconscientes, de cómo podemos percibir sus efectos y de cómo podemos darle forma a estas variables, a estos factores que intervienen para lograr cambios en la manera en que nos relacionamos.

Cuáles variables o factores intervienen

Las relaciones que mantenemos con las demás personas están directamente influenciadas por la manera en que percibimos e interpretamos el mundo y, esto a su vez, depende de nuestro aprendizaje, nuestros paradigmas, creencias, programaciones, posturas, valores y principios. Como consecuencia, podemos afirmar que las relaciones que mantenemos con el mundo que nos rodea son netamente subjetivas.

Adicional a esta subjetividad que acabo de señalar, debemos agregar el hecho de que somos regidos por nuestro inconsciente; al menos en un 90% del tiempo que permanecemos con vida, por lo tanto, la dinámica de nuestras relaciones también está supeditada a esta vida predominantemente inconsciente. Recordemos que el inconsciente, responde a nuestros aprendizajes y programaciones y que estas a su vez reposan en nuestras experiencias, lo que interpretamos de ellas, nuestros paradigmas, creencias y valores.

Por qué es importante hacer conciencia de esto

El resultado de las relaciones que tenemos a lo largo de nuestra vida, no es casual, como ya dije, depende de los aprendizajes (hábitos, paradigmas, programaciones) que hemos estado acumulando en el tiempo. Por lo tanto, si deseamos cambiar la manera en la que nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás, con las situaciones o con el mundo, debemos apuntar a lo que hemos aprendido para realizar los cambios. Como paso cero, debemos abandonar la idea de que las relaciones dependen de los demás, y asumir el 100% de la responsabilidad de su resultado, independientemente de lo que a primera vista consideremos. Esto por sí mismo es un cambio radical para muchos de nosotros, y requiere valentía, proactividad y una gran dosis de responsabilidad. Por otro lado, asumir esta postura nos da un gran poder al permitirnos asir las riendas de nuestro propio destino.

¿Cuáles relaciones? ¿Por dónde empezar?

Tal vez el día a día nos impulse a avanzar sin percatarnos de la calidad de las relaciones que mantenemos, con nosotros mismos y con lo demás, por lo tanto, lo principal es mantener una conducta reflexiva, es decir, ser capaces de mirarnos a nosotros mismos. Esta capacidad de mirarnos a nosotros mismos es equivalente a hacernos conscientes. Una buena manera de adquirir esta habilidad, es a través de la práctica de la meditación. Existen numerosas técnicas de meditación y en Internet podemos hallarlas, desde la más sencilla técnica hasta las más avanzadas, es cuestión de investigar y poner manos a la obra. No hablaré en este momento de ese interesante tema, sólo lo mencionaré como una manera de aprender a mirarnos, a ser reflexivos, lo cual es indispensable para ser capaces de darnos cuenta de la calidad de las relaciones que mantenemos.

Otras vías, la retroalimentación

Sin embargo, la meditación, si bien es muy útil, no es la única manera. Como dice la biblia en Mateo 7:20 “Así que, por sus frutos lo conoceréis”. Si no podemos ver el árbol, tal vez las hojas o los frutos sean suficientes, para identificarlo. De la misma manera, no somos capaces de observar lo inconsciente pues, no sería tal si pudiéramos percibirlo, pero podemos observar sus frutos. ¿Cómo? A través de los resultados que obtenemos y de la retroalimentación que recibimos. Si los resultados no son satisfactorios, si observamos que hay algo que no está bien, merecer ser revisado para mejorarlo. Los comentarios que recibimos de los demás también son una buena fuente para identificar lo que no podemos ver de nosotros mismos. En lugar de defendernos o sentirnos atacados, es mejor escuchar en silencio para luego revisar. No significa que todo lo que nos digan sea cierto, pero si no lo escuchamos, si nos justificamos verbal o mentalmente cuando nos dicen algo, perdemos la oportunidad de mirarnos a través de los ojos de los demás. No siempre los comentarios o críticas que nos hagan serán hechas de la mejor manera, algunas veces incluso, pueden venir de formas muy desagradables, sin embargo, esas también nos serán útiles. Es entonces crucial escucharlas y apreciarlas todas, luego, veremos si es posible capitalizarlas en algún cambio beneficioso.

Paradójicamente, la relación que mantenemos con nosotros mismos es más compleja, dado que no es evidente para quienes nos rodean. Es en este caso, sobre todo, donde la capacidad reflexiva que desarrollemos nos será de mucha ayuda. ¿Cómo nos sentimos con nosotros mismos? ¿Me estoy juzgando? ¿Me estoy comparando con otras personas? ¿Estoy satisfecho con quien estoy siendo? ¿Soy feliz conmigo mismo?

Una de las alarmas que deberíamos tener en cuenta, está dada por nuestra capacidad de estar a solas con nosotros mismos. Si nos incomoda no estar haciendo nada, si nos es desagradable estar en silencio sólo con nuestra presencia, es un indicio de que no nos estamos relacionando bien con nosotros mismos. ¿Necesito estar haciendo algo porque si no me siento incómodo? ¿Requiero tener el TV encendido para sentirme acompañado? ¿Evito reflexionar? ¿Me hago eco de juicios hacia los demás? El hacer juicios a otros, o a situaciones, al querer tener la razón, o imponer mi opinión, el mantenernos ocupados todo el tiempo para no dar cabida a la reflexión, son síntomas de una mala relación con nosotros mismos, ya que estas acciones son excusas para evitar mirarnos. Es sano que durante el día, ubiquemos un lapso de tiempo para dedicárnoslo a nosotros mismos. En ese momento, no pensemos en cómo resolver situaciones de los diferentes roles que ejerzamos, ni hagamos juicios de nosotros mismos ni de nadie más, simplemente nos tomamos unos minutos al día para estar con nosotros mismos, sin juicios, sólo siendo. Es un ejercicio para reaprender a sentirnos bien con nuestro ser, lo cual era natural en nosotros cuando éramos niños. Iniciemos con pocos minutos, tal vez tres o cinco, simplemente nos sentamos tranquilamente o caminamos en un lugar que nos resulte agradable, y sintamos nuestro cuerpo, percibamos nuestra presencia, sintamos nuestra respiración, relajemos los músculos, sintamos nuestro peso, el viento, percibamos los olores, los brillos, las sombras alrededor, los sonidos, disfrutemos del paisaje, simplemente siendo. Lo importante aquí es que nos acostumbremos a nuestra presencia nuevamente. También que nos acostumbremos a no juzgarnos porque tendemos a ser nuestros más severos jueces, y esta severidad hace que evitemos relacionarnos con nosotros mismos por el temor de salir lastimados.

Para recibir feedback o retroalimentación, es muy útil pedirles a nuestros mejores amigos, a nuestra familia, a las personas en las que confiamos, que por favor lo hagan, hacerles saber y sobre todo dejarles ver que estamos abiertos a recibir sus críticas constructivas acerca de nosotros. Advierto que algunas veces nos dirán cosas que no serán de nuestro agrado o con las que no estemos de acuerdo, pero escuchémoslas igualmente, sin defendernos o justificarnos, sólo escuchar. Eso no implica creer o no lo que nos dicen, se hace así para no convertirnos en un filtro que imposibilite recibir lo que nos ofrecen. Luego, en otro momento, en intimidad, revisemos el mensaje. Fijemos nuestra atención en la situación que nos señalan, busquemos otras situaciones en nuestros recuerdos, ¿Hay algo de cierto? ¿Qué mensaje estamos enviando? ¿Cómo lo están recibiendo? ¿Estoy respondiendo o reaccionando? ¿Qué creencias o paradigmas están interviniendo en mi respuesta? ¿Qué estoy haciendo inconscientemente? Podemos usar estas preguntas para comenzar a mirarnos, una vez planteadas, estudiamos si hay algún aprendizaje que debamos adquirir, abandonar o modificar.

Relaciones perniciosas

Entenderemos aquí por relación perniciosa, aquella relación que causa daño, la que en lugar de favorecer perjudica. El daño de estas relaciones no es subjetivo sino observable, evidente y en ocasiones, explícito. Por ejemplo, una relación de amistad donde el supuesto amigo sólo ve interés en el otro, tal vez por favores o para satisfacer sus necesidades económicas. O una relación donde un hijo o un padre se hace pasar por débil o inútil para que le hagamos las cosas; o una pareja que sólo demanda atención para quererse a través del otro, o los que exigen lo que no dan, o aportan poco a la relación. Las personas que se comunican discutiendo, o que en lugar de pedir ordenan o amenazan.

Adicción en las relaciones

Cualquier adicción es perniciosa, por el simple hecho de que plantea dependencia y desequilibrio. Lamentablemente, el ámbito de las relaciones no está exento, en numerosas oportunidades surgen adicciones a ciertas dinámicas que nos mantienen apegados a ellas y para agravar la situación, suele ocurrir sin que nos demos cuenta. Para comprenderlo mejor, pensemos por ejemplo en quienes son adictos a tener la razón, estos intentan convencernos de sus opiniones en lugar de sólo compartirlas, o buscan situaciones donde haya algo por lo cual discutir para demostrar que tienen razón, no les interesa tanto el punto de la discusión, su placer lo consiguen sabiéndose poseedores de cierta verdad, o algunas veces, sintiéndose poderosos al vencer a su supuesto oponente. Otros, son adictos a ser víctimas o victimarios, y buscan la manera de crear un ambiente donde puedan ejercer su rol, sometiéndose o sometiendo. Otros, están adictos a tener el control, estos buscan situaciones en las que puedan ejercer control sobre otros, van desde la violencia verbal, hasta los más sutiles argumentos manipuladores. El patrón de comportamiento es igual para todos: buscar quienes se presten para el juego de roles, y comenzar la dramatización, todo esto de manera inconsciente, en realidad ellos no saben que lo hacen, sólo sienten el impulso por hacerlo y una vez que lo consiguen, inconscientemente refuerzan el hábito.

Generalmente, podemos darnos cuenta que el patrón que siguen este tipo de relaciones es el de ganar-perder, o perder-ganar. Es decir, ellos ganan mientras nosotros perdemos o nosotros ganamos mientras ellos pierden, pero la verdad en cualquiera de estos escenarios, ambos perdemos. Este tipo de relaciones debemos evitarlas por nuestra propia salud. En cambio, las relaciones que buscan el beneficio mutuo, el equilibrio ganar-ganar, son las relaciones sanas que perduran en el tiempo y que se retroalimentan positivamente. Es indispensable para nuestro bienestar y el de los demás, que nos aseguremos de establecer sólo relaciones ganar-ganar. Fuera del esquema ganar-ganar, no aceptemos relacionarnos. Es más, seamos claros con quienes nos relacionemos, y digámosles que deseamos que tanto ellos como nosotros seamos beneficiados.

¿Cómo saber si tenemos alguna adicción a una dinámica en particular?

Hay varias señales que nos permitirán identificar si estamos adictos a algún tipo de dinámica en particular. Piense un momento, si hay alguna persona o situación que le “lleve” a comportarse de cierta manera. O revise si suele decir cosas como “es que tu siempre me haces decir”, o “me haces molestar”, o algo como “cada vez que hablo con ella (él)”. Dese cuenta que suelen ser situaciones repetitivas, como si estuviésemos condenados a relacionarnos con esas determinadas personas de una manera en particular. Generalmente, es más fácil que ocurra con las personas o situaciones que están en nuestra vida con más frecuencia. En el caso de las situaciones, piense en cosas como: “cada vez que vamos al banco, ocurre que…”, o “cada vez que debo hablar en una reunión, sucede…” En fin, situaciones repetitivas que no son agradables y que pareciera que van a continuar de igual manera independientemente de lo que hagamos. O el caso de quienes dicen tener mala suerte con los entrenadores deportivos, con las parejas, con los jefes, etc. ¿Mala suerte? Nada más lejos de la verdad, en la gran mayoría de los casos lo que ocurre es que hay un problema de adicción a determinada dinámica, sea porque nos permite reafirmar quienes somos, porque nos hace sentir poderosos, fuertes, porque nos permite revivir situaciones de la infancia que no hemos superado, por nombrar algunas causas, pero todas, aunque parezca increíble, nos permite obtener un beneficio, uno no ecológico por supuesto, pero para la mente inconsciente que no discrimina entre lo que nos conviene o no, no hay diferencia, sólo procura que obtengamos lo que deseamos. Llega un punto en el que incluso nuestro cuerpo nos pide, químicamente, la situación, para poder saborear el cóctel que se genera en nosotros cuando estamos expuestos a ella. Es decir, en este punto, hay una dependencia psíquica y biológica que nos empuja a repetir el ciclo una y otra vez.

Algunas veces, personalizamos la situación y creemos que son los demás quienes lo ocasionan, pero no se trata de eso, los demás o las situaciones no son más que la excusa, la oportunidad que conseguimos para revivir la experiencia. De esta manera, podemos observar que ciertos padres e hijos, parejas, jefes y supervisados, amigos, y hasta vecinos crean una relación amor-odio, tirante, desarmónica y conflictiva que los mantiene en estados emocionales perjudiciales, más sin embargo, procuran la cercanía y la ocurrencia de los eventos perjudiciales.

Cuando se rompe el patrón

Esta situación se mantiene hasta que por lo menos uno de los involucrados, rompe el patrón o programa de la relación. Por ejemplo, la discusión suele comenzar cuando uno de los dos emite una opinión y el otro lo contraría. Se rompe el patrón cuando el que escucha la opinión, deja de juzgarla y sólo la escucha. En ese momento, el otro deja de recibir el estímulo que lo mete en la dinámica y por lo tanto no se presenta. Los adictos pueden llegar a tal punto en que intentarán llevar a quienes interactúan con ellos al escenario propicio para que surja la dinámica, y si no estamos despiertos, conscientes, caeremos como tontos en ella, haciéndoles el juego sin entender qué fue lo que sucedió. Por ejemplo, llegas a un restaurante y el mesonero te atiende de mala gana, con el propósito de generar una discusión, si tiene la “suerte” de conseguirse con un cliente que le dé pelea, consiguió lo que buscaba. Pero, si en lugar de hacer el reclamo, respondemos con asertividad, incluso con amabilidad, aunque sea sólo por el prurito de poner a prueba el principio que explico aquí, veremos cómo el mesonero en cuestión se queda desarmado. En ese momento, hemos introducido un cambio en su programación, hemos modificado el disparador y por lo tanto, la respuesta es diferente. No necesariamente es algo que decimos, también podemos hacer el cambio en la dinámica con un gesto: una mirada, una sonrisa, un momento de silencio, etc. La mejor manera de romper la dinámica, es hacer que nuestro interlocutor apunte su atención en otra dirección. No tiene que ser la dirección opuesta, de hecho, lo más eficiente, es hacer que dirija su atención en una dirección que ni se pliegue ni se oponga a lo que buscaba. Es indispensable mantener la calma y recordar que para que surja la dinámica, AMBOS deben estar de acuerdo, no hay víctima sin victimario, no hay pelea si al menos uno de los dos no lo desea. Por esta razón, el adicto a la dinámica intentará llevarnos a su terreno y nosotros debemos declinar la invitación. Jamás se le ocurra exponerle al otro que usted ha identificado su adicción, etcétera. Ponerlo en evidencia sólo hará que se agrave la situación. Más bien, piense en que la tranquilidad, la gentileza y su habilidad para redirigir su atención, son sus mejores aliados.

Un fenómeno interesante que nota

remos, es que suele ocurrir que quienes están adictos a una dinámica, al no conseguir revivir la experiencia con nosotros, por sus propios medios, buscan en otro lado o con otros satisfacer su necesidad. Llega un punto en que aprende a que nosotros no le servimos para satisfacer su adicción y deja de buscarnos para tal fin, separándose o alejándose de nosotros, y todo esto de una manera inconsciente. También suele ocurrir, que de una manera “espontánea”, se reúnan quienes obedecen a la dinámica, como si e

l Universo los juntara para que surja lo que ellos desean en su interior. Tal vez es por el nivel vibracional de cada uno de ellos, por causalidad o por nivel de conciencia, no importa cuál sea la razón, tenderán a encontrarse para hacer lo propio hasta que ambos obtengan lo que inconscientemente esperan o hasta que alguno de ellos sea capaz de superar la adicción.

Qué hacer con los adictos a ciertas dinámicas

Hay casos en que la persona adicta es de nuestro más cercano entorno, y deseamos ayudarla. Lo primero que podemos hacer es no satisfacer su adicción bajo ninguna circunstancia, lo cual implica que seamos conscientes de lo que hacemos y nos mantengamos incólumes. Luego, el próximo paso es ayudarla a darse cuenta de la adicción que padece. Este segundo paso requiere que tengamos mucho tacto. Hay técnicas para hacerlo, una de ellas es esperar a que la persona esté calmada, y preguntarle en ese momento si puede hablar con nosotros. Si acepta, ponerla en contexto, es decir, hablarles brevemente del lugar y el momento en que observamos la conducta que consideramos ejemplifica lo que sucede. Después, decirles qué pensamos al respecto, destacando lo positivo de la conducta (sinceramente lo que se pueda destacar) y luego comentándoles lo que consideramos debería hacer de una manera distinta (sin juzgar). Enseguida, hablarles de cómo nos hace sentir su conducta (no la persona) y qué esperamos que ocurra. El que le digamos esto a la persona en cuestión, e incluso, el que ella escuche lo que le decimos, no es garantía de que lo asimile, y si así fuera, lo más probable es que requiera un proceso de reaprendizaje para cambiar la actitud, sin embargo, es mucho mejor que lo sepa a no decirle nada.

Cómo dejar la adicción a una dinámica de relación

En caso de que seamos nosotros quienes estemos adictos a una cierta dinámica, lo primero que debemos hacer es no juzgarnos. La mente usa el juicio como un mecanismo para distraernos de lo que realmente importa, que es el estar conscientes y en este caso en particular, detectar la adicción y lo que está a su alrededor. El segundo paso, es identificar cuál es el disparador que activa dicho comportamiento, para estar alertas y cambiar la rutina de respuesta. Al principio, conduciremos las acciones de manera consciente, para responder, paso a paso, de la nueva forma que consideremos diferente y efectiva, incluso, variarla cuantas veces sea necesaria. Luego, cuando hallemos la mejor respuesta, la practicamos una y otra vez hasta que el disparador nos conduzca automáticamente a esa respuesta asertiva.
Finalmente, es muy útil indagar qué es lo que ganamos con la dinámica en la que nos vemos envueltos adictivamente. Preguntémonos ¿Qué obtengo con esto? Aunque parezca extraño, o nos resulte difícil de creer, si buscamos bien, encontraremos que obtenemos un beneficio de aquel comportamiento. Entonces, busquemos una manera ecológica de obtener ese beneficio por otra vía, una en la que nadie sea perjudicado.

Qué podemos esperar cuando dejamos la adicción a este tipo de dinámicas

Vamos a experimentar un alivio, una sensación de libertad, de plenitud, cuando ya no nos enganchemos en la dinámica perniciosa y seamos capaces de dar respuestas asertivas a las personas o situaciones. Como ahora somos más conscientes de lo que hacíamos, notaremos el cambio y percibiremos los beneficios asociados, en especial, la paz y la tranquilidad que antes no gozábamos. Pero también debemos tener presente, que quienes nos servían a nuestros propósitos pudieran salir de nuestras vidas. No siempre ocurre, pero pudiera ocurrir, ya que estas personas se van a buscar a otros con los cuales poder satisfacer su adicción. Conozco un caso de un amigo que se sentía mal, porque su papá no lo visitaba con la frecuencia con la que visitaba a su hermano. Este amigo se esmeraba en atender a su papá, en pasarla bien con él, en darle un trato de calidad, pero invariablemente este se las ingeniaba para irse con cierta prisa. Mi amigo estaba triste y al mismo tiempo confundido, porque su papá recibía malos tratos en la casa de su hermano, además de que solían discutir. Entonces le expliqué lo de las adicciones a las dinámicas de algunas relaciones. Indagando un poco, pudimos darnos cuenta que esta situación no sólo ocurría entre su hermano y su papá, sino también entre su madrastra y su papá. Ambos solían discutir y entrar en constantes conflictos y en momentos parecía que iban a separarse, sin embargo, ambos se buscaban y procuraban no separarse. También ocurría en el trabajo de su papá, donde al parecer tenía serias diferencias con algunos compañeros y con los jefes. Todo indicaba que su papá era adicto a las relaciones tensas, y como mi amigo, no le proporcionaba las condiciones para satisfacer su necesidad de discusión, le resultaba incómodo estar con él.

Al mismo tiempo, descubrimos que mi amigo, estaba comenzando a manifestar el mismo tipo de relación con una de sus hijas. Lo que le sirvió para hacer cambios en la manera de conducirse con esta y la relación mejoró considerablemente. Recordemos que somos seres de hábitos, si nos acostumbramos a relacionarnos de cierta manera, llega un punto en que se hace automático y hasta necesario.

Mi amigo me preguntó entonces algo que otros también me habían preguntado: ”¿Qué hago con el caso de mi papá? “. Le dije que lo mejor que podía hacer era quererlo tal cual era. Tal vez, si se diera la oportunidad, podían hablar del tema, pero que si se daba o no ese momento, igual continuara apreciándolo sin juzgarlo. Esto no hizo que el papá lo visitara más, pero definitivamente mi amigo dejó de sentirse mal por la situación y ahora disfruta con tranquilidad los momentos que comparten.

 

Lornis Hervilla © 2013

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Esta entrada fue publicada en 24 de abril de 2013 por en Amor, Apego, consciencia, discernimiento, Pareja, Relaciones y etiquetada con , , , , , , , , .
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