Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

Esta sopa a la que llamamos Universo

A finales de mayo de 2011, tuve la fortuna de estar en Jamaica tres meses. El motivo del viaje era un curso, pero para mí significaba mucho más que eso, era un viaje místico que esperaba me permitiera descubrir aspectos que desconocía de mi personalidad, que me ayudara a profundizar en lo humano y sobre todo en lo espiritual, y la verdad es que sin duda sucedió aunque no de la manera que yo me lo había imaginado. En algún momento, hablaré de este viaje maravilloso con mayor detalle, pero ahora quiero comentarles una de las cosas que evidencié cuando estuve allá.

Las últimas seis semanas en ese hermoso país, mis compañeros y yo fuimos hospedados en una residencia estudiantil llamada Buccaneer en Motego Bay, un lugar paradisíaco de playas de aguas cristalinas justo cruzando la calle. Yo iba casi todos los días, y me deleitaba con toda esa hermosura natural y con el pintoresco escenario que se veía en la larga calle donde me encontraba. Solía nadar un rato antes de contemplar el horizonte desde el agua, y permanecía en esa contemplación que no me cansaba (jamás cansa lo hermoso), hasta  que desaparecía el sol que parecía sumergirse en el agua tras un espectacular atardecer que jamás se repetía. El agua era calma, apenas perturbada por los otros bañistas y por las distintas embarcaciones que surcaban el agua a lo lejos. Este último evento es de lo que quiero hablar.

Desde que llegué a Montego, quedé enamorado de la playa. Apenas bajé del autobús, salí a su encuentro y desde ese día, la visitaba a diario. Estando en el agua, experimentaba un profundo agradecimiento hacia la providencia por haberme colocado allá y sentía un fuerte impulso de rendirme ante tanta belleza. Esta visita a la plya la hacía a diario, y cada vez que iba, me llenaba de agradecimiento y gozo mientras permanecía en la cálida y cristalina agua. Me agradaba flotar y relajar mi cuerpo y mi mente, era una especie de meditación ya que mientras lo hacía, soltaba todo pensamiento. Uno de esos días mientras flotaba en el agua, simplemente disfrutando y sin pensar, una pequeña ola me sorprendió haciéndome reincorporar súbitamente. Extrañado, escudriñé el horizonte para ver que había sucedido y me sorprendí al ver que la ola que me sacó de mi meditación había sido producida por una embarcación que se encontraba a más de dos o tres kilómetros de distancia. A juzgar por lo lejos, parecía increíble que la ola hubiera viajado todo ese trayecto hasta afectarme. Otro día, estaba contemplando el atardecer, y repentinamente llegó una corriente que me obligó a hacer esfuerzos para equilibrarme, busqué en el horizonte y vi a unos jóvenes que hacían piruetas con sus motos náuticas mucho más allá de donde yo me encontraba. Esos eventos, que se repitieron en el tiempo, me hicieron pensar en lo conectados que estamos unos de otros. Conexiones que algunas veces son visibles, como en el caso del agua, pero otras veces, tal vez más de lo que podemos imaginar, nuestros sentidos no nos permiten percibir el medio que nos conecta. En todo esto estuve pensando aquellos días.

En mi reflexión, recordé las aves que observaba desde la orilla de la playa de Puerto Píritu donde vivo. Esas aves parecen flotar, algunas incluso quedan suspendidas en el cielo, como si colgasen de hilos invisibles. Si me preguntaran si observo algo que me une a ellas, tal vez diría que no veo nada que nos conecte, pero la verdad es que si estamos conectados. El aire que las sostiene es el mismo que yo siento soplar en mi rostro, sólo que no es visible como el agua, aunque si se puede percibir con el sentido del tacto si se desplaza o nos desplazamos.

Entonces, deduzco que deben haber otros “elementos”, aún más sutiles que el agua y que el viento, imperceptibles para mis sentidos, que al igual que el aire o el agua están presentes einteractúan con los nosotros, por ejemplo, la radiación, campos electromagnéticos, que son apreciables sólo con instrumentos, pero también la conciencia y el espíritu. Estas “sustancias” lo impregnan todo y coexisten al mismo tiempo, presentes en todo cuanto hay y conectándonos de maneras que no comprendemos, o por lo menos no todos. Hasta ahora, sólo pordemos evidenciarlas a través de sus efectos, como por ejemplo, cuando somos testigo de esas sorprendentes coincidencias denominadas sincronicidades ¿Le ha ocurrido que piensa en alguien y justo lo llama o se lo encuentra?, o ¿ busca una información y alguien le habla del tema? Es decir, eventos que se conectan de una manera que parece mágica.

Otra cosa que me llamó mi atención, era que yo no estaba exento de ser influenciado por las perturbaciones que otros ocasionaban en el agua. Si yo no estaba consciente de este fenómeno cuando flotaba, e incluso estando de pie, entonces la perturbación llegaba a mí y me afectaba de una manera no deseada por mí, al hacerme perder el equilibrio. Entonces, yo decidí estar consciente para mantenerme en equilibrio. Extrapolando lo observado, deduje que al mismo tiempo, si no estaba consciente de las señales emitidas por esos campos que no percibo con mis sentidos, como por ejemplo las sincronicidades, iba a ser afectado de una manera que me haría perder el equilibrio. Por lo tanto, debía estar despierto, consciente, expectante, reconociendo esas señales, viendo más allá de lo evidente, identificando las sincronicidades que permanentemente están sucediendo a mi alrededor, para de manera activa actuar en consecuencia.

También deduje que si el viento, las aves que ingresaban al agua, los peces, las embarcaciones, los bañistas, todo lo que estaba en contacto con el agua, ocasionaban tales perturbaciones en el medio, entonces de igual manera los otros medios, como el electromagnético, el energético, el espíritual y la conciencia también son influenciados permanentemente por quienes estamos en él, y todos recibimos el resultado de estas influencias. Todos estamos permanentemente influenciando y siendo influenciados.

Incluso, lo que hacemos puede resonar de tal manera, que aunque ya no estemos en el medio al que influenciamos, el efecto continuará presente afectando a otros en nuestra ausencia. Esto es muy fácil de comprobar mediante el siguiente experimento. Deje caer una pequeña piedra en medio de una piscina tranquila, verá inmediatamente como surge un frente de ondas que se desplazan en todas las direcciones desde el centro donde la piedra impactó a la superficie. Notará que las ondas se desplazan hasta alcanzar la orilla y esas que llegan a la orilla, generan otras ondas que rebotan y que interfieren con las ondas que aún no habían llegado, incluso esta perturbación continúa mucho después de que la piedra lanzada ha llegado al fondo. Incluso, aunque usted se marche y abandone la escena, las ondas mantendrán su movimiento hasta que finalmente otras fuerzas las anulen. Otros ejemplos donde podemos observar cómo una acción continúa resonando de manera persistente, es el caso de las ideas expresadas en símbolos y arte, piense en la arquitectura, la pintura, la música, las canciones, oraciones (como la de San Francisco de Asís), citas de libros religiosos, poemas, cuentos, novelas, en fin, elementos que quedaron resonando en la humanidad mucho después de que sus autores la ejecutaran. O pensemos en el campo propuesto por el psiquiatra suizo Carl Jung, que él denominó inconsciente colectivo, el cual describió como un espacio en el que la humanidad comparte una serie de conocimientos asociados a símbolos sin que la ubicación geográfica o el tiempo distorsione su significado. Otro campo, no perceptible directamente, es el denominado Campo mórfico, propuesto por Rupert Shaldrake donde lo que se transfiere es información, afectando a los sistemas.
Otra observación que hice, fue que las olas sin importar su tamaño, eran el resultado de las interacciones con el agua, su existencia era producto de una interacción y se influenciaban unas a otras, es decir, el resultado de la interacción cobraba vida y era capaz de generar más interacciones al relacionarse unas con otras, algunas veces combinándose, otras reforzándose o anulándose entre sí. El número y velocidad con el que se multiplicaban las interacciones era muy veloz y asombrosamente grande, y para un poder de cálculo limitado, imposibles de predecir. Así pues, había elementos que producían interacciones, había interacciones que producían más interacciones, y elementos que producían y recibían estos efectos; todo ocurría a la vez, junto y sin separación.

No dudo que los pensamientos se comporten de igual manera que estas olas, interactuando con el medio, generando otros pensamientos, combinándose entre sí e incluso, anulándose unos a otros, siendo producido por pensadores como usted o como yo, y afectándolos al mismo tiempo de alguna manera. ¿Cómo será el impacto de esta interacción? Eso dependerá de si estamos dormidos o conscientes. ¿Tal vez se pregunte, está bien, pero en qué medios se desenvuelven los pensamientos? Bueno, considere que los pensamientos tienen una manifestación electroquímica en nuestro cerebro, y entre otras cosas, generan un campo eléctrico, esto es un hecho verificable, medible, comprobado y aceptado. Entonces, los pensamientos por lo menos tienen una repercusión electromagnética y afectan a la materia. Pero como dije antes, estos son apenas las manifestaciones que el hombre puede percibir con instrumentos, ¿Cómo saber qué otros medios adicionales están presentes y que no percibimos? Ta vez debamos conformarnos por ahora de  estudiar los efectos que producen.

Quiero mencionar ahora el campo de la conciencia, que aun no es percibido directamente por aparatos, más lo científicos saben que existe y han verificado experimentalmente su influencia, incluso saben que la conciencia es capaz de modificar el resultado de las observaciones e incluso de los resutados de experimentos.

¿Y qué hay del espiritual? Lo que es llamado espiritual es rechazado por algunos dado que ha sido percibido por aparatos, pero ¿Acaso el que no haya sido aun percibido, implica necesariamente que no exista? No lo hemos percibido directamente, pero ¿Qué podemos decir de los efectos atribuibles a este campo?. ¿Se ha preguntado alguna vez por ejemplo, qué hace que un ser esté vivo o no? ¿Qué “sustancia” le da vida? Ese soplo de vida, que hace la diferencia entre que un organismo se desarrolle o se descomponga, muy bien podría ser uno de los eventos que nos permitan identificar la acción del espíritu. Tal vez, eso a lo que llamamos muerte (muerte física), no es más que la desconexión o la pérdida de la comunicación entre la materia o energía densa y el espíritu. Tal vez el espíritu se encuentra en un nivel tan sutil que no puede ser apreciado como lo que se conoce en la ciencia como energía, y por esta razón aun no hemos sido capaces de percibirlo a través de nuestros aparatos que captan manifestaciones energéticas. Pero esto no significa que no sea un ingrediente importante en lo que denominamos vida y mucho menos que no exista.

Todas estas cosas, me hacen pensar en el Universo como en una sopa, donde información, conciencia, espíritu y energía nos interconectan a todos de maneras insospechadas, en la que cada uno de nosotros recibe en cierto grado, el “sabor “y “aroma” de quienes nos acompañan y viceversa, una sopa donde todos participamos de manera permanente y activa y en la que definitivamente estamos todos conectados.

Lornis Hervilla © 2012

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Esta entrada fue publicada en 17 de julio de 2012 por en palabras, PNL, Relaciones, Sin categoría y etiquetada con , , , , , .
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