Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

¿Sabes a quien escuchar?

escuchar“Lo que usted necesita para mejorar su relación, es …. Sea más paciente”. Le dice un sacerdote, a un señor que se quiere divorciar. “Amigo, no le haga caso a su mujer, esa lo que quiere es gobernarlo”. Afirma un borrachín jugador que vive en casa de su mamá, después de haber abandonado a dos mujeres. “No vale, disfruta la vida, ¿Qué te puede hacer esa comida?”. Aconseja uno que desconoce su grave estado de salud, y que no celebrará su sesenta cumpleaños. “Yo tu, montaría un negocio”. Lo expresa con convicción un asalariado que jamás se ha atrevido a independizarse. “No te la cales, no le contestes la llamada, ¿Qué se cree él, que es tu dueño?”. Quien lo dice, se ha separado tres veces y vive de relación en relación, cada una más desastrosa que la otra. “No le pares pana, vayámonos a la fiesta y estudias después”. Lo recomienda uno que ya ha perdido dos semestres. Cuando de consejos se trata, muchos somos expertos. Incluso, algunos con la mayor desfachatez hablan y sugieren hacer lo que no saben o lo que no hacen ni harían ellos mismos, como en los ejemplos antes mencionados.  Los consejos los dan hasta desconocidos en un autobús, y en sí mismos no representan un peligro si somos capaces de discernir lo que pueda de haber valioso en ellos. Recuerdo que quedé impactado cuando leí la novela de Paulo Coelho, “El peregrino de compostela”. En uno de los capítulos, se le aparece un demonio a Coelho. Mi impresión fue que luego él, desesperado por la soledad del viaje que había emprendido, fue capaz de invocarlo, a sabiendas de que ese demonio llamado “Astrain” le mentía y pretendía que desistiera de la búsqueda que hacía. Yo no comprendí la primera vez que leí la novela, para qué el protagonista (Paulho), se molestaba en hablar con una entidad que buscaba su perdición. Luego de unos años, volví a leer la novela, y en esa segunda oportunidad, comprendí lo que antes no había comprendido. Paulho sabía que Astrain le mentía, conocía quién era el personaje, cuáles eran sus intenciones, es decir, había evaluado la credibilidad de su consejero. Incluso, aprovechó lo rescatable de la conversación y le sacó provecho. En esa época, cuando leí por segunda vez la novela, trabajaba con una persona que solía hablar de mí a mis espaldas. Otros compañeros me advertían e incluso él mismo en una que otra oportunidad me lo decía a su manera. Esto hizo que yo me alejara de él y lo evitara, simplemente no quería saber nada de él, lo ignoraba por completol. Paradójicamente, él me buscaba, se las ingeniaba para ir a mi oficina, y seguía con los comentarios que me perjudicaban. Cuando leí la novela por segunda vez, comprendí que él en ese momento era la representación de mi “Astrain”. Fue como si hubiese hecho un gran descubrimiento, sentí una alegría inmensa porque comprendí lo que estaba viviendo en ese momento, era como una especie de lección de vida. Lo primero que hice fue aceptarlo, y al hacerlo toda la adversión que sentía hacia él desapareció. A los días siguientes, mi trato hacia él cambió y a pesar de estar consciente de que no era mi amigo, de que seguí haciendo algunos comentarios desagradables, dejé de percibirlo como a un enemigo. Una tarde que me quedé más tiempo de lo acostumbrado, entró a mi oficina y hablamos largamente, calculo que por lo menos tres horas. Ese día me confesó porqué estaba tan enojado conmigo. Había sido a causa de una reunión en la que él había percibido que yo lo había desacreditado. También me dijo que reconocía que había hecho comentarios perniciosos, y finalmente me dió algunos consejos que el consideraba me serían útiles. Después de ese día, de esa conversación honesta, lo que sea que nos haya mantenido unidos se disolvió. La última vez que nos encontramos, después de unos tres años de que cada quien elgiera un rumbo distinto, nos saludamos tranquilamente, y por lo menos de mi parte puedo decir con sinceridad que no hubo ningún sentimiento de animadversión hacia él. Hoy día recuerdo y aplico una de las cosas que me dijo aquella tarde durante nuestra última reunión, fue una frase que me quedó grabada para siempre y que considero me ha sido de mucha utilidad. Me dijo: “Lornis, recuerda algo, lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Para una persona que tendía a ser perfeccionista, la frase al principio me chocó, pero luego, fui dándome la oportunidad de comprobar su efectividad, la fui digiriendo, y lo cierto es que me ha ayudado muchísimo. Ese muchacho, que había sido mi “Astrain”, me dió una llave que me permitió continuar mi camino con más holgura. Por otro lado, hay personas que dan muy buenos consejos, verdaderos maestros de la vida. ¿Entonces, cómo saber a quién escuchamos? ¿Acaso valdrá la pena arriesgarnos? Escuchar a otros es útil y nos proporciona puntos de vista que tal vez de otro modo no habríamos contemplado. Pero cuando lo hacemos, cuando disponemos nuestros oídos para escuchar recomendaciones, experiencias o consejos, es importante, diría que vital, que evaluemos la fuente de dónde proviene lo que nos dicen. ¿Se imagina escuchando un consejo de Diego Armando Maradona sobre cómo tratar con la prensa, lo valoraría igual si el consejo tuviera que ver con técnicas de futbol, de cómo patear el balón o hacer una finta? ¿Imagínese por un momento, que Donald Trump le diera un consejo sobre ser humilde, lo apreciaría tanto como si el consejo fuera de negocios o de promoción de su nombre? ¿Apreciaría un consejo del Dalai Lama sobre negocios de igual manera como uno referente a la paz o la bondad? Siempre me he preguntado, cómo un sacerdote que jamás ha estado casado, puede dar consejos de matrimonio. No digo que sea imposible que pueda brindar un consejo sensato, pero ¿No cree que es una fuente débil y con escasa de experiencia en el tema? Algunas veces no evaluamos la fuente de la que provienen los consejos o comentarios respecto a ciertos temas, y recibimos sin filtrar informaciones que surgen de la especulación y en el mejor de los casos, de la intelectualidad. Es mucho más confiable, escucharlo de personas que son ejemplo viviente de lo que dicen, porque esos consejos vienen de un nivel más elevado de conciencia, ya que provienen de la sabiduría de la experiencia. La historia a continuación, se la atribuyen a Mohandas Karamchand Gandhi, mejor conocido como Mahatma Ghandi o simplemente Ghandi. Dice la historia que una mujer fue junto con su hijo a ver a Gandhi. Él le preguntó que quería y la mujer le pidió que le pidiera a su hijo que dejase de comer azúcar. Gandhi le contestó: “traiga usted a su hijo dentro de dos semanas”. Dos semanas después, la mujer volvió con su hijo. Gandhi miró al niño y le dijo al niño: “deja de comer azúcar”. La mujer muy sorprendida le preguntó:  “¿por qué tuvo que esperar dos semanas para qué usted le dijese eso? ¿Acaso no podía habérselo dicho hace quince días?” Entonces Gandhi le contestó: “no, porque hace dos semanas yo también comía azúcar”. Realmente desconozco si la historia es cierta, pero igual me parece hermosa y aleccionadora. Cuántas veces vemos a padres que con un cigarro en la boca le piden a sus hijos que no fumen, o le piden que les compren los cigarros o hasta que se los enciendan. Piense si alguna vez ha sido testigo de alguna de estas situaciones:

  • Alguien le pide a otro gritando, que no grite.
  • Padres que le piden a sus hijos que le busquen las cervezas y luego no quieren que sus hijos beban.
  • Los padres que ebrios le dicen a sus hijos que no tomen.
  • Los que amenazan con golpear a sus hijos para que dejen la violencia.
  • Los jefes que piden a sus supervisados que lleguen temprano cuando ellos suelen llegar tarde.
  • Quienes dicen como componer al país y botan basura a la calle y cometen infracciones al conducir.
  • Los profesores que vigilan que sus alumnos no se copien y ellos usan todos los años el mismo contenido, los mismos exámenes y piden las mismas tareas.
  • Quienes hablan de humildad y pobreza desde suntuosas instalaciones, autos o casas.
  • Los que hablan de sacrificio y se lo piden a otros desde la comodidad.
  • Los gobernantes que atacan preventivamente a otros países para protegerse de posibles ataques.
  • Quienes torturan para defender la libertad.

Estos son sólo algunos ejemplos, lamentablemente la lista puede ser mucho más larga. Algunas veces, estas paradojas surgen porque quienes incurren en ellas están tan inconscientes de lo que hacen, que no se dan cuenta que ellos contradicen con sus actos lo que predican con palabras. Otra veces, lo saben, pero quieren hacer creer a los demás de que tienen la moral para proponer lo que dicen,  tal vez subestimando la inteligencia de quienes están a su alrededor o simplemente por cinismo, o lo que es más triste, quieren engañarse a sí mismos. Recuerdo el caso de una señora casada que le daba consejos éticos sobre el tema de la sexualidad y la pareja, a una muchacha soltera que trabajaba para ella, al mismo tiempo, esa misma señora mantenía una relación extramatrimonial con un hombre casado. Viéndonos a nosotros mismos Cuando llegó a mis manos la historia que comenté antes de Ghandi, me puse a pensar en todas las veces que yo había actuado de manera contradictoria, diciéndoles a otros que hicieran lo que yo no hacía o no habría hecho estando en el lugar de ellos. Sentí entonces un profundo deseo de hacerme más coherente, de seguir el ejemplo de Ghandi y ahora antes de hablar, primero evalúo si realmente yo actuaría y actúo en la forma que voy a proponer, sobre todo cuando le hablo a mis hijos. No creo que sea totalmente coherente, pero sí estoy mucho más consciente de cuando no lo soy, de mis inconsistencias, gracias a que ahora me ocupo más de observarme, de evaluar mis pensamientos, sentimientos y acciones para procurar que estén alineados. Con el tiempo, me he dado cuenta de lo veraz de la frase de Waldo Emerson que dice: “Lo que haces habla tan fuerte, que no puedo escuchar lo que dices”. Constaté que muchas veces no hace falta ser tan explícitos, sobre todo con quienes conviven con nosotros y que lo mejor es dar un buen ejemplo. Algunas veces en lugar de pedirles a mis hijos que me ayuden con el jardín, converso con ellos mientras hago esas tareas, y ellos me ofrecen su ayuda. Otras veces, no están tan dispuestos a ayudarme, entonces les pido su ayuda de manera explícita, pero no se niegan dado que están viendo que yo estoy trabajando junto con ellos, que no les estoy pidiendo algo que yo no haría. Hace años, cuando recién me graduaba de ingeniero, empecé a trabajar en una empresa de telecomunicaciones. El director y el gerente del departamento, llegaban temprano, eran puntuales en las reuniones, responsables en el trabajo y siempre se comunicaban con afabilidad y respeto. No recuerdo que nos hablaran jamás del horario o que surgieran problemas internos en la comunicación de quienes trabajábamos juntos. El ejemplo de estas dos personas era suficiente para saber lo que se tenía que hacer, y la verdad es que no era difícil desear emularlos. Hace unos días, me encontraba de muy mal humor y en medio de una situación complicada, mi hijo quería que habláramos de cierto tema que para mí no era importante. Le respondí con brusquedad y él, con mucha calma, me preguntó porqué le hablaba de esa manera. Me dijo que no era necesario y me recordó lo que yo le había dicho muchas veces antes con respecto a la manera de comunicarse con otras personas, principalmente con su hermana. En el momento no le presté atención, le pedí que me dejara y seguí en lo que hacía. Con la tenacidad que le caracteriza, me dijo mientras se iba, que deseaba que la próxima vez le hablara de la manera en que yo le pido a él que se comunique. Me quedé pensando en lo que había hecho, en lo contradictorio que había sido al hablarle como lo hice, dado que yo le pido a él y a mi hija constantemente que se comuniquen con calma y amabilidad. Al cabo de dos días, aprovechando un momento en el que mi hijo y yo íbamos solos en el carro, le pedí disculpas y le hice saber que tenía razón en lo que me había dicho, además le agradecí el haberme hecho saber que no había sido amable. No dijo palabras en el momento, pero su cara y su abrazo me dijeron que había aceptado mis disculpas. Fue un momento conmovedor y sobre todo liberador. Ese día sin decirlo explícitamente, no sólo me disculpé con mi hijo, sino que le enseñé con el ejemplo que está bien reconocer nuestros errores y disculparnos con quienes hayamos lastimado u ofendido. Apostaría a que en el futuro, si llegara a equivocarse, sería capaz de recapacitar. Además, ahora estoy más conscientes de las respuestas que doy, y de la manera en que lo hago. Los sabios maestros Dicen que los verdaderos maestros espirituales enseñan principalmente con su ejemplo, debe ser por lo mismo que dijo Emerson, y porque los verdaderos maestros son expresiones de la verdad, y la verdad jamás es dicha porque es inefable, sólo se puede vivir. Algunos maestros hablan con sus discípulos sólo cuando es necesario, pero la mayor parte de su enseñanza radica en la forma en que viven. Algo que llama mi atención es que sin importar la época, la situación geográfica, el idioma o la creencia, los verdaderos maestros ayudan a quienes los rodeamos, a volver la mirada, los pasos y la búsqueda, hacia nuestro interior. Una voz especial Hay un ser de gran sabiduría al que no siempre escuchamos o si lo hacemos, no siempre seguimos sus consejos. Para hablar con este ser, sólo debemos quedarnos quietos y en silencio, dejando que la paz se vaya esparciendo por todo nuestro cuerpo. En ese estado de paz, seremos capaces de escuchar la voz de nuestro ser interior, nuestro maestro particular, quien nos guía con sabiduría porque nos conoce y sabe qué debemos hacer, sobre todo en los momentos de duda. Aprendamos a escucharlo más, y sobre todo, a llevar a la práctica sus consejos. La sabiduría está en todos, es cuestión de saber escuchar. Lornis Hervilla © 2012

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Un comentario el “¿Sabes a quien escuchar?

  1. Nerio Rojas
    6 de agosto de 2012

    …Escuchando a mi Luz interior, esa Luz que muy oportunamente ud me enseñó a seguir.
    Saludos, aprecios.!

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Esta entrada fue publicada en 2 de agosto de 2012 por en discernimiento, palabras, sabiduría y etiquetada con , , , , , , , , .
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