Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

Ser como niños

“Dejad que los niños vengan a mí, porque de tales es el reino de los cielos.”  Esta frase se le atribuye al maestro Jesús y está registrada en los evangelios de Lucas (18:16), Marcos (10:14) y Mateo (19:14). Yo la he estado oyendo desde que era un niño, probablemente desde los siete años cuando estudiaba en el colegio “Fe y Alegría”. Creo habérsela escuchado a las monjas y a los sacerdotes en la misa o en las clases de religión. En aquel entonces no me había molestado en comprender lo que había motivado a Jesús a decirla, en aquel tiempo y con mi mente de niño, yo me imaginaba a Jesús con una de esas batas largas de caqui que se ven en las películas, sentado entre una muchachera, divirtiéndose con sus cosas y entreteniéndolos con sabias parábolas. Pero el tiempo fue haciendo lo suyo y fui creciendo y a la vez, haciéndome más irreverente y atrevido, comencé a cuestionar lo que me habían estado diciendo, lo que se suponía debía hacerse porque sí, e incluso, cuestioné mis creencias. Quería comprender y comprobar si lo que había estado aprendiendo era realmente cierto, a verificar el sentido de todas esas cosas, y me revelé a algunos dogmas, a paradigmas, a supersticiones. Me fui haciendo cada vez más “cuestionador”. Esa frase por ejemplo, la de los niños, me llamaba la atención. Me preguntaba, cómo era eso de ser como niños. Confieso que rechazaba el ser como niños porque me parecía retroceder. El nacimiento de mis dos hijos y el proceso de verlos crecer, escucharlos, verlos, estudiar cómo se comportan y resuelven sus asuntos, estarlos guiando, me ha estado ayudando a comprender más ampliamente lo que Jesús quiso enseñarnos con esta frase de ser como niños. A través de mi experiencia de padre, me he dado cuenta por experiencia directa, que los niños realmente tienen muchas cosas que enseñarnos a los adultos, algunas veces cosas que sabíamos pero que hemos olvidado por diversas razones.

¿Pero realmente, qué es ser como niños?

Ser como niños es ser curiosos, espontáneos, atrevidos, impresionables, confiados, crédulos, persistentes, presentes, hambrientos de aventuras, incansables. Para los niños todo es un juego y el juego “se lo toman en serio”. Para ellos nada es imposible, el pasado y el futuro no existen, son francos, no tienen vergüenza  y son genuinos. Por ejemplo, si están jugando y les preguntas que hacen, ellos te responden con honestidad que están ocupados. Si hay alguien que no les agrada, simplemente no lo saludan. Si algo no les gusta, lo dicen, si pelean con otro niño, no guardan rencor y enseguida están jugando juntos de nuevo, dicen lo que piensan, no suelen temer y si lo hacen su curiosidad los hace valerosos y los ayuda a vencer ese miedo, miran con pureza y sin prejuicios porque no tienen un pasado con el cual contrastar lo que ven, ni creencias con las que filtrar las experiencias, se ríen a sus anchas si algo les da risa, y lloran si se sienten tristes o frustrados, y suelen reír mas que llorar. Se entretienen con cualquier cosa, al punto que la mayoría termina jugando con la caja donde venía el juguete tan animosamente como si del juguete se tratara, se entusiasman con facilidad, incluso si aun no saben de qué tratará lo que viene. Les encantan las historias y los cuentos y creen que todo es posible.  La lista es más larga, pero creo que con esto es suficiente para dar idea de lo que quiero decir. Ser niños es recuperar una serie de cualidades que en nuestro proceso de crecimiento fuimos relegando, ocultando, eliminando y olvidando. Para ellos la vida es justo ahora.

Pero al mismo tiempo, los niños pueden ser inocentes, ignorantes, y egoístas pues, en su psique aun no se han desarrollado algunas inteligencias como la emocional y la social,  que implican características tales como la empatía o capacidad de ponernos en los zapatos del otro, ni comprenden profundamente que formamos parte de algo que va más allá, como la familia y la sociedad; esto por supuesto es en términos generales, depende del niño y de la edad. Un niño puede hacer cosas que hieran a otros, física o emocionalmente. Evidentemente, no creo que Jesús se referiera a estas características de los niños, sino a las constructivas.

¿Entonces, para qué la adultez?

Un tiempo atrás, también me planteaba que, si ser como niños es lo idóneo, ¿para qué hacernos adultos? Era paradójico que nos hiciéramos adultos, para que ocurría esto si perdíamos las cualidades que nos permitirían entrar al reino de los cielos. No comprendía para qué el ser humano tenía que crecer y desarrollarse, atravesando el incómodo proceso de la adolescencia hasta llegar a la adultez. Yo pensaba que si ya nacíamos con lo que teníamos que tener para merecer el reino de los cielos, para qué cambiar. Pero luego me di cuenta que en realidad, cuando somos niños, somos ignorantes de todo esto, es decir, no sabemos que sabemos y no hemos desarrollado las capacidades mentales, si bien tenemos imaginación, aun faltan otras cualidades de la mente a desarrollar. Además, Jesús luego dice en Lucas 18:17 y Marcos 10:15  “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” Esto me ayudó a darme cuenta que en realidad Jesús no nos pide que seamos niños, sino que seamos como niños lo cual es diferente. Entonces, comprendí que lo que sugiere es que tomemos las características potenciadores que los más pequeños manifiestan y que nosotros los adultos hemos olvidado. “Recibir el reino” y “entrar en él” siendo como niños implica que reaprendamos a vivir en el presente, a ser espontáneos, a reírnos fácilmente, a maravillarnos con lo cotidiano, a ser perseverantes, a divertirnos con lo que hacemos, a ser genuinos y leales con nosotros, a olvidar y dejar atrás las penas con facilidad, etc. Y la diferencia entre hacerlo desde la adultez o desde la niñez, es que el niño no lo elige ser como es, pues simplemente lo hace así sin consciencia, pero los adultos en cambio si podemos elegir, lo que nos permite ejercer nuestro libre albedrío. Podemos decidir entre asumir el YO o Ego, entre vivir preocupados por el futuro o lamentándonos del pasado, o vivir en el presente, incluso podemos elegir qué vamos a adoptar de los niños; la adultez es una etapa para aprender a elegir eligiendo. Por cierto, a diferencia de lo que algunos pueden pensar, desarrollar la mente es importante. Lo que no debemos es identificarnos con ella, pero estaríamos incompletos si no la desarrolláramos, ella, la mente desarrollada, es parte de lo que nos hace dioses.

¿por qué a algunos se nos dificulta ser como niños?

Creo que de los factores que más nos impiden que actuemos como niños (lo potenciador de los niños), es el Yo o Ego que desarrollamos a medida que crecemos. Este Yo o Ego no es un enemigo a vencer, sino un producto de la mente que surge como consecuencia del fortalecimiento y uso constante de la misma, recordemos que la mente y sus habilidades se hacen cada vez más presente en nuestras vidas. ¿Cómo no va a ocurrir así, si la usamos a diario y en casi todo? Desde pequeños, nos instan a usarla y hasta existen sitios donde nos entrenan para hacerlo, o se supone que ese es su fin: las escuelas. Desde muy pequeños, nuestros padres y maestros nos premian muy bien mientras más la usamos. Por ejemplo, si nos aprendemos el nombre que nos dieron, nuestros padres hacen una fiesta. Si aprendemos nuevas palabras, nos lo celebran, si aprendemos a diferenciar lo que “es mío” de “lo tuyo” y a decir “yo” cuando nos dicen “tu”, también celebran, si obtenemos buenas calificaciones, también lo celebran. Entonces, poco a poco, vamos sobrevalorando a la mente y dándole cada vez más y más fuerza al mito del Yo. Llegará un momento en que nos convenceremos de que en realidad existe ese Yo que hemos creado con ayuda del ambiente donde crecimos. Pero no nos equivoquemos, nuevamente recordemos que la mente es una herramienta súper útil, necesaria, hermosa, un regalo, una bendición, sólo debemos comprender que desarrollarla es un proceso que si no es bien conducido nos puede llevar a distorsionar su uso. Dominar la mente es parte del camino, requisito necesario para convertirnos en dioses.

Afortunadamente, gracias a la ayuda de las enseñanzas que nos han dejado maestros como Buda, Jesús, Krishna y otros menos famosos, llegamos a experimentar que en realidad el Yo o Ego es ilusorio. Es parte del proceso de hacernos dioses vivientes, o como quienes afirman que ya somos dioses, entonces en ese caso, vivir como tales. Una de las técnicas para lograr esta experiencia es la meditación y existen muchas, muchas maneras de hacerlo, a través de ella vamos apartando, disipando, diluyendo lo ilusorio, eso que fuimos construyendo durante un tiempo considerable. Es un proceso que pudiéramos describir como reconectarnos con nuestro verdadero ser, lo cual a su vez hace que el personaje ficticio que tiene mi nombre y al cual, por ignorancia, sirvo para mantener a gusto, desaparezca. No es necesario luchar contra el Ego, pues esto sólo lo haría más fuerte, desaparece como la obscuridad en presencia de la luz, cuando nos hacemos conscientes. Pero es de hacer notar, que ese Yo o Ego es muy hábil y tiene a su vez múltiples máscaras para asumir diversos roles y así confundirnos. Por ejemplo, puede aparecer con la máscara del “Yo responsable”, y con esta máscara recriminarme a través de un diálogo interno por esto o aquello que debía haber hecho, lo cual podría hacer aparecer en el escenario de mi mente al “Yo víctima” o al “Yo excusa” o al “Yo justificación”. O tal vez, se coloca la máscara del “Yo bondadoso” y escucho su voz diciéndome que haga esto o aquello porque sería una acción digna de una persona bondadosa. También está el “Yo sabio” que aconseja a otros con cosas que yo no haría en su lugar, el “Yo intelectual” que opina en temas que no son de su incumbencia, sobre cosas que desconoce y cuando no le han preguntado, el “Yo malandro” que busca de aprovecharse de sacar provecho de los demás sin importarle las consecuencias, o el “Yo amante”, etc. Cada uno de ellos, pidiéndome actuar de una u otra manera, lo cual crea en mi mente una pelea por mantener el control que a su vez no es más que otro artilugio por mantenerme distraído. Pero insisto, ninguno de estos “Yo máscara” es mi enemigo, sino que surgen como consecuencia de no estar presente. Esos “Yo ilusorios” no son causa per se, sino consecuencia.

El despertar

Llega un punto en el que nos preguntamos, ¿cuál de esos “Yo”, soy entonces?. ¿El intelectual, que me permite quedar bien en el trabajo? ¿El espiritual, que me hace sentir que estoy conectado con el Universo? ¿El filósofo, que me permite elaborar las más intrincadas teorías? Bueno, la verdad es que no somos ninguno de esos. Somos el que se da cuenta de ellos, el que no habla sino que los observa en silencio, el que atestigua y sabe que no busca complacer ni ser complacido, el que no pretende ser sino Es, genuino en su expresión, que no requiere compañía, ni halagos, ni premios, que no teme ni se preocupa por pasado o futuro. Ese Yo inefable que es regocijo y paz. A partir de ese momento, todo se aclara, la lucha mental termina. El teatro ha bajado el telón y me levanto de mi asiento para vivir. En ese momento, sé que estoy en el cielo. Por esa razón, la adultez es necesaria y se justifica, es un paso en mi evolución, es necesaria en mi desarrollo y con ella, ejerzo mi libre albedrío pues, ¿cómo elegiríamos si no supiéramos, si no tuviéramos opciones?

En cada instante, uno detrás de otro, podemos elegir entre el teatro o la vida, entre cederle el control al Yo producto de mi mente, al de las mil caras, o soltarlo todo, aceptar el presente y ser. Esto nos lleva a maravillarnos con lo más “simple”, todo se hace nuevo, nos llenamos de paz, somos la paz, nos hace sonrientes y entonces, nos hacemos como niños.

Lornis Hervilla © 2012

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2 comentarios el “Ser como niños

  1. emma salas
    11 de julio de 2012

    Lornis gracias por regalarnos parte de ese don tan especial que tienes…

    Me gusta

    • lhervi
      12 de julio de 2012

      Amiga, gracias por tus palabras. Espero contar con tus comentarios, sugerencias, preguntas, opiniones, diferencias de criterios, o con lo que desees aportar en beneficio de todos.

      Un abrazo

      Me gusta

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Esta entrada fue publicada en 11 de julio de 2012 por en consciencia, discernimiento, Sin categoría y etiquetada con , , , , , .
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