Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

Tomates y el poder de lo implícito

Mi problema es que soy muy sincera y frontal –me dijo la señora que se encontraba en la consulta con su marido, quien se mantenía con las manos juntas, con cara de susto y sin intenciones de hablar en absoluto.

Mientras la señora me contaba porqué habían venido, yo observaba su corporalidad y la de su esposo, y al mismo tiempo observaba las palabras y expresiones que utilizaba. En eso estaba, cuando vino a mí el caso que yo llamo “Los tomates”, que no es más que un ejemplo que suelo emplear para exponer el poder de lo implícito. La verdad es que lo de los tomates se me ocurrió una vez que hablaba con un amigo que no entendía cómo era que caía una y otra vez a los pies de una femme fatale que en ese entonces lo tenía realmente fuera de balance. Me puse a analizar con él paso a paso, lo que le ocurría, revisando cómo y cuándo sucedía, entendiendo cómo era que después de que se prometía una y otra vez no caer en sus redes nuevamente, seguía sucumbiendo. Tras revisar detalladamente lo que la chica hacía, pude darme cuenta que lo que pasaba era que hacía uso, consciente o inconscientemente, del poder de lo implícito.

Para explicarle a mi amigo la dinámica que lo sumía en su desgracia, ideé el ejemplo de los tomates que a continuación les explico tal cuál se lo expuse a él a fin de que comprendiera.

Lo dije más o menos así:

Imagínate que te invito a mi casa, y mientras hablamos, te pido que me acompañes un momento al patio ¿Lo harías?
Si claro, ¿por qué no? –respondió él.
Esta bien, seguimos hablando y ves que saco una bolsa plástica que te pido que por favor me sostengas. Seguimos caminando y salimos de la casa hasta lo que parece un huerto. Paso por una alambrada mientras seguimos en nuestra conversación, y te pido que me sigas ¿entrarías?
Lo mas probable es que entre- dijo, sin comprender el punto al que quería llegar.
Justo allí, te muestro unos hermosos tomates, tal vez hasta te explique cómo se cultivan y cómo y cuándo deben ser recolectados. Te pido ahora que abras la bolsa plástica que te había dado y comienzo a tomar los tomates que lucen más jugosos. Cuando la bolsa está casi llena, escuchamos unos disparos. De manera apresurada, con algunos tomates en las manos, emprendo la huida y te pido que me sigas rápido, ¿te vendrías?
Claro, lo haría –respondió mi amigo, con curiosidad.
Salimos y corremos por el camino de vuelta a la casa. Mientras escuchamos a lo lejos al campesino decir numerosas groserías. Ya en la casa, recuperamos el aliento. Compa, muy probablemente en ese momento es cuando caigas en cuenta de que me ayudaste: robar tomates.”
Se quedó pensando y mientras aun analizaba lo que le había contado, le dije:
Imagínate ahora que cuando llegas a la casa, en lugar de invitardete al patio mientras conversamos te digo: “acompáñame un momento a robar unos tomates”, ¿lo harías?
No –dijo sin dudar, mientras sonreía al darse cuenta de lo que quería explicar.

Ese es el poder de lo implícito –le dije, y era obvio que ya había captado lo que quería explicarle. A partir de ese día, cuando queríamos hacer referencia a lo implícito, decíamos “tomatear”.
Entonces, decíamos cosas como “este lo que quiere es tomatearme”, o “no, mejor voy a tomatearla para evitar la confrontación”.

Lo que le ocurría ahora le quedaba muy claro, la chica sabía emplear esa manera de comunicarse para conducirlo sin decírselo al estado en el que ella podía hacer con él lo que quisiera. Era como si lo tomara de la mano y lo conduciera con tal sutileza que él de buena gana avanzaba a gusto al precipicio. No hace falta que describa lo que la chica hacía en particular, pero los gestos, las micro expresiones, sus acciones, los pequeños estímulos que antes habían pasado desapercibidos a mi amigo, ahora se hacían importantes, obvias, evidentes. La concatenación de estos estímulos que parecían inconexos y sin un fin, era lo que conducía a ese estado de indefensión y vulnerabilidad que tanto le molestaba.

La comunicación implícita es así, una serie de estímulos aparentemente inconexos que pasan desapercibidos a nuestro consciente, pero no a nuestro inconsciente que es capaz de vincularlos. Entonces se produce en nuestro ser una serie de reacciones inconscientes con repercusiones energéticas, químicas, fisiológicas, que nos sitúan en un estado en particular sin comprender como llegamos a él, incluso sin sospechar que fuimos influenciados o guiados a ese estado.

El poder que tiene este tipo de comunicación, es que por no ser evidente a donde conduce, evita que el otro se prepare, y sobre todo, previene que active su sistema de defensa. Justo ese sistema de defensa, era lo que se activaba en quienes eran confrontados por la señora que se encontraba en el consultorio, la misma que había dicho “Mi problema es que yo soy muy sincera y frontal”.
No, el problema no es que ella se comunicara con sinceridad, ni tampoco que lo hiciera de manera frontal, sino más bien porque abusaba de la supuesta sinceridad evitando la empatía y el rapport, es decir, siendo incapaz de establecer un puente comunicacional que la conectara con el otro, y supuestamente sincera y frontal se convertía casi automáticamente en confrontación, una lucha innecesaria por imponer su verdad. Esta mala práctica de comunicación y el exceso de ser explícita en momentos en que no era necesario es lo que activaba casi de inmediato, el sistema de defensa de su esposo, e incluso de otros miembros de su familia y compañeros de trabajo. Entonces, la solución a su “problema”, consistía en enseñarle técnicas de comunicación que contemplaran la empatía, el rapport y la comunicación implícita.

Comunicarse implícitamente es importante, y si se quiere un arte. Es una habilidad que ha sido aplicada por las religiones, por grandes seductores, por vendedores, por las más prestigiosas empresas de publicidad y por corporaciones. La comunicación implícita es el lenguaje de símbolos, incluyendo las palabras, pero usados de manera en que no se hace referencia directa a lo que se pretende. En el lenguaje implícito también la corporalidad, la entonación, las expresiones juegan un papel importante. Decía en uno de los talleres de comunicación, que si a alguien que se encuentra en la cárcel le preguntaran que explicara cómo específicamente fue que dio a parar allí, lo más seguro es que no lo sabría, porque se fueron juntando eventos que lo fueron sumiendo en el problema sin que pudiera decir con precisión cuál de esos eventos en particular pudiera ser considerado como el causante de su situación. Piensen en esto, si a usted le propusieran meterse en problemas (esto sería lo explícito), ¿qué diría? lo más seguro es que dijera que no, pero cuando los eventos van ocurriendo uno detrás de otro, como invitaciones, fiestas, tomar un poco, fumar algo, probar cosas más fuertes, eventos sin aparentes conexiones en los que la persona se va involucrando más y más hasta quedar sumida en una situación que de primer momento hubiera rechazado, es probable que se meta en problemas. Recuerde alguna vez en que alla estado en una situación difícil, podría decir con exactitud, ¿cómo fue que llegó a eso? O piense cómo fue que se enamoró, o cómo logró conquistar a su pareja, lo más seguro es que no haya un evento decisivo.

La comunicación implícita se parece mucho al experimento de la rana que es colocada en un recipiente con agua caliente, inmediatamente la ranita salta y escapa al sentir el exceso de calor del agua, esto sería lo explicito. Sin embargo, si la rana se intropduce en un recipiente de agua a temperatura ambiente, y luego se va aumentando gradualmente, no es capaz de notar los pequeños cambios de temperatura y se queda allí tranquila hasta morir. El arte de lo implícito es el de “cocinar” un resultado, influenciando de tal manera que quien es influenciado no percibe intromisión.

He sido testigo de casos, donde por ejemplo una chica advierte a una amiga de lo peligroso que puede ser un cierto don Juan, y además le cuenta cómo ha hecho sufrir a otras amigas previniéndola de que no se deje engañar. Lo sorprendente, es que la que advierte también cae en las manos del seductor llegado el momento. ¿Por qué? Algunos dicen que por tonta. La verdad es que no, lo que ocurre es que la chica desconoce el poder del lenguaje implícito, que de seguro es manejado consciente o inconscientemente por el “Casanova” en cuestión. Cuando digo conscientemente me refiero a que la comunicación implícita, el influenciar de esta manera, puede ser aprendido y hay quienes lo saben usar. Hay personas que sin haberlo estudiado, han aprendido a hacerlo. Es una habilidad en cualquier caso, y como tal puede ser modelada, aprendida y mejorada. Cuestión de práctica!

La publicidad, y las grandes corporaciones que financian campañas multimillonarias, están muy al tanto de lo poderoso que es el lenguaje implícito, por lo que a través de imágenes, frases, músicas, gestos, mitos, movimientos, colores entre otros estímulos, crean escenarios que van más allá de nuestro consciente, es decir, crean un contenido en capas (cual cebolla), la primera capa, la más obvia, la explícita, lleva un contenido evidente al público, la segunda capa, la implícita, la no evidente, lleva un contenido dirigido al inconsciente del público, y es esa el verdadero objetivo de la gente de mercadeo que manejan estas técnicas. En otra reflexión les hablaré de cómo podemos ser manipulados sin saberlo, a través de un lenguaje hipnótico e implícito que escapa a nuestro razonamiento pero que consigue programarnos para que respondamos de determinada manera ante determinados estímulos. Quienes deseen, pueden leer un poco de lo que están haciendo los grandes del mercadeo con lo que llaman psicomarketing.

Sigo con la historia de la señora en la consulta. Después de escuchar lo que quería decirme, le expliqué que hay técnicas de comunicación que nos son muy útiles para evitar la confrontación, le hablé de la empatía, de las técnicas de feedback y del poder de lo implícito, claro que usando mi querido ejemplo de los tomates. Para ella quedó claro lo poderoso que puede ser el mensaje implícito y cuán útil nos resulta para influir en las respuestas de otras personas sin siquiera pedirlo. Al poco tiempo, no más de tres semanas con ejercicios de PNL diseñados con tal propósito, mejoró su comunicación ysupe por ella y por su esposo que su relación había tenido un cambio para mejor. Aunque eso ya lo había notado, sin que ellos me lo dijeran, por su lenguaje implícito.

Lornis Hervilla © 2012

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5 comentarios el “Tomates y el poder de lo implícito

  1. Lorena Reyna
    6 de julio de 2012

    Super interesante Lornis lo escrito! exitos 🙂

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  2. Juan Cisneros
    19 de julio de 2012

    Saludos Lornis, felicitaciones por tu blog, de verdad es un espacio muy necesario para la reflexión y el analisis critico de muchas cosas que pasan en nuestra sociedad. Y con respecto a lo de “tomatear” entonces tenemos un amigo en común.

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    • lhervi
      20 de julio de 2012

      Que bueno Juan que te hayas paseado por el Blog, y que comentes. Por favor, síguelo haciendo, pregunta, opina, difiere, sugiere, esa es la idea. Con respecto a lo de “tomatear”, si, tenemos un amigo en común, justo el de la historia. Un abrazo

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  3. eliasC
    23 de julio de 2012

    Muy bueno Lornis, Juan y yo aprendimos lo de “tomatear” hace un tiempo, y aún lo seguimos usando.

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    • lhervi
      24 de julio de 2012

      Hola Elías, que bueno que te hayas paseado por aquí. Qué bueno que estén aplicando lo de “tomatear” para lograr influir en lugar de imponer. Lo importante es hacerlo con conciencia, para hacerlo de forma positiva. Bueno amigo, gracias por tu comentario, espero que sigas participando activamente para que así todos nos beneficiemos. Cuídate

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Esta entrada fue publicada en 4 de julio de 2012 por en palabras, PNL, significado y etiquetada con , , , , , , .
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