Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

¿Desde el amor o desde el miedo?

Si hay una pregunta que podemos hacernos para evaluar nuestras motivaciones y acciones, es si provienen desde el amor o desde el miedo. Algunas veces, llegan a la consulta padres que me hablan de lo problemático que son sus hijos o lo difícil que son para someterse a su autoridad pero cuando seguimos hablando, esas acciones que dicen hacer por el bien de sus hijos revelan que detrás de sus argumentos, hay un miedo a sufrir a causa de lo que ellos piensan que puede hacer sufrir a sus hijos. Es decir, ellos imaginan lo que debe ser y hacer un apersona que se asegure la paz y tranquilidad, y comparan esta visión con lo que observan que hacen o elijen sus hijos, y la diferencia entre lo imaginado y lo que observan determina el grado de insatisfacción y origina la observación del problema.
Ocurre también con aquellos padres que no dejan que sus hijos tomen decisiones por el temor de que se equivoquen y sufran, pero detrás está un temor aun mayor que es el de sufrir al ver sufrir al otro. Este temor es a veces tan grande que lleva a los padres a mutilar o malograr la capacidad de decisión de los hijos a un punto de hacerlos dependientes de su “buen criterio y experiencia”.
En las parejas suele haber la creencia de que los celos son sinónimo de amor, lo cual no necesariamente es cierto. Los celos provienen de la inseguridad de uno de los miembros de la pareja, que teme perder al otro. Ignorando por supuesto de que no tiene manera de garantizar que la pareja permanezca a su lado. Desconociendo incluso de que nadie le pertenece a nadie y que teme perder algo que nunca ha tenido. Las relaciones se mantienen siempre y cuando ambos estén de acuerdo en que la relación exista.
En los trabajos también se manifiestan actitudes que dan cuenta del miedo que motiva a quienes la llevan a cabo. Por ejemplo, hay quienes deciden enviar notas de correo como una especie de documento que les permita “salvar su pellejo” en caso de que un proyecto no avance, no se alcancen metas y objetivos o se abra una investigación, o quienes dejan de tomar decisiones por el temor de ser evaluados negativamente, perder su status quo o ser despedidos.
Me inclino a pensar que el miedo en sí mismo no es ni bueno ni malo, sólo un mecanismo que nos permite identificar riesgos, sin embargo, dejarnos llevar por el miedo es diferente. Actuar desde el miedo es actuar a medias, es reconocer de qué queremos alejarnos pero sin saber a qué queremos acercarnos. Si lo comparamos con situaciones primitivas, podríamos decir que el miedo es como huir del predador que quiere cazarnos pero sin saber realmente a qué cueva nos metemos para protegernos.
El miedo desaparece cuando hacemos que surja en nosotros el valor de enfrentarlo. El valor es una característica del amor. Es la fe en que vale la pena hacerle frente a lo desconocido, lo amenazante, a la sensación que impulsa a huir, para plantarnos, para asumir y sobre todo para vencer.
El valor, no debe confundirse con bravuconería, ni con temeridad, que son los equivalentes del ataque agresivo producidos por el miedo. El valor es aceptación y confianza en que a pesar de que no nos sentimos cómodos con cierta situación, nos sumergimos con racionalidad e intuición a encontrarle solución, y nos echamos a andar por un camino que no habíamos transitado. El valor es una característica del amor, está contenido en el amor. Cuando actuamos desde el amor, somos valientes, pero además, las soluciones que buscamos son asertivas y conciliadoras. No buscamos el beneficio egoísta, sino colectivo, pensamos en nosotros y en los demás, nos hacemos empáticos y nuestras acciones consideran las posiciones de los otros. Desde el amor, el padre sabe que el hijo no le pertenece, que su rol es el de guiarlo, desde el amor, la pareja sabe que la relación sólo funcionará si se permiten ser interdependientes, es decir, que desde la independencia ambos deciden unirse para complementarse y no para someterse ni chantajearse, desde el amor, los empleados buscan soluciones sustentables no soluciones que sólo sirvan como pañitos de agua caliente o como salva pellejo.
Cuando actuemos, preguntémonos que es eso último que nos impulsa, ¿es el miedo o el amor?
Si la respuesta es miedo, no ha pasado nada, tengamos el valor de reconocerlo, luego de ver cómo enfrentarlo para aprender del proceso y sobre todo, para disfrutarlo. Si hacemos de esto una práctica, llegará un momento de nuestras vidas en que habremos aprendido a reconocer y a enfrentar nuestros miedos, y sin importar los resultados, seremos ganadores. Lograremos un dominio personal poderoso y genuino.
Si la respuesta es amor, entonces sabremos que vamos por el camino correcto.

 

Lornis Hervilla  © 2012

 

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Esta entrada fue publicada en 24 de junio de 2012 por en Amor, consciencia, sabiduría y etiquetada con , , .
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