Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

La navidad cambia o cambiamos nosotros

155099_179005435445152_4926303_nMi hija tiene quince años y está preocupada porque siente que ya la navidad no es como antes. Me dijo que quería ver todas las películas de navidad que le gustaban para inspirarse. Su inquietud me hizo recordar los distintos significados que ha tenido la época navideña para mí. Supongo que otros también habrán vivido algo parecido y por eso me he motivado a escribir esta reflexión.

Cuando era un niño y apenas contaba con cinco años, la navidad para mí comenzó a ser importante porque me enteré que el Niño Jesús me traería regalos. Pues sí, reconozco que la navidad nació en mi según lo recuerdo, como un interés material, mentiría si dijera lo contrario. Recuerdo que me imaginaba con esos juguetes que veía en los comerciales y me preguntaba si sería lo suficientemente bueno como para merecer que el Niño Jesús me los trajera. En esa época no entendía ni me preocupaba en entender, cómo es que ese niño bondadoso decidía llevarle regalos a otros en lugar de quedárselos él, pero lo cierto es que mis padres me habían dicho que lo haría y lo hizo. En ese tiempo, me lo imaginaba pequeño y con una gran bolsa a cuestas. En realidad mi familia era bastante pobre, pero por alguna razón esa navidad el Niño Jesús se acordó de nosotros, de mi hermana y de mí, y nos incluyó en su lista.

Esos recuerdos de la infancia también vienen acompañados del ajetreo en la calle, los fogonazos de los fuegos artificiales, el sonido estridente de los triquitraques y los fosforitos: pequeños explosivos que usaba sin permiso de mis padres para dinamitar hormigueros, latas de refresco y pedazos de pared de las casas del barrio. Luego, el posterior olor a pólvora, también recuerdo el colorido nocturno de los siete colores que siempre me parecieron muy caros, la terribles quemaduras de las estrellitas de bengala, cuando las tomabas del suelo por donde habían ardido antes de que otro niño las recogiera o se apagaran, en fin, la navidad era un conjunto de colores, sonidos, sabores, olores y sensaciones bastante intensas. En esa época de mi infancia, mis padres se reunían con sus hermanos, no sé si más por costumbre que por el deseo genuino de pasarla juntos. Luego nos mudamos, la situación económica de mi familia mejoró un poco pero ya no éramos dos hermanos sino tres. Creo que por economía, mi hermana y yo nos enteramos pronto que el Niño Jesús era en realidad un timo de los padres, lo cual nos hizo sentir muy  maduros por saber algo que otros niños ignoraban, sin darnos cuenta que saber esta verdad eximía a nuestros padres de la “responsabilidad” de comprarnos algo para la noche del veinticuatro, ya que no había ningún secreto que guardar.

Tendría unos diez años, cuando mi mamá se animó a hacer sus primeras hallacas. Entonces a la magia de la navidad, además de los regalos, los estrenos para el veinte cuatro y el treinta y uno, se le añadió el de la preparación de las hallacas, un plato que requiere una elaborada preparación y que reúne ingredientes de diversos lugares del planeta. Para quienes no conocen la hallaca, les digo que es realmente un plato delicioso, básicamente es una masa de maíz que envuelve un guiso de carne de res, cerdo y gallina, aunque en mi casa no las hacemos así porque somos vegetarianos.  También se agregan pasas, aceitunas, cebolla, pimentón, y otros ingredientes dependiendo de la zona del país y las tradiciones familiares. Eso se envuelve en hojas de plátano, se amarran con pabilo (un cordel de algodón) y se hierven. La preparación de la hallaca entonces se transformó en parte de la navidad, porque había que comprar los ingredientes en el mercado, buscar las hojas de plátano, limpiarlas, y apoyar a quien dirige la preparación, en mi caso cuando tenía diez años, era mi mamá. Al final, luego de el arduo trabajo en equipo, lo mejor: probar las hallacas a ver qué tal habían quedado. Por fortuna, siempre las que hicimos quedaron deliciosas. Se reservaba parte de los ingredientes incluida la masa, para mezclarlos todo junto y hacer los bollos. Estos, a diferencia de la hallaca que es de color amarillo, suelen ser marrones y su sabor cambia. Las hallacas entonces, una vez elaboradas, se intercambian o se regalan a las personas que visitan el hogar, y se espera luego el comentario del comensal que juzgará la calidad del sabor de la misma.

Luego llegó el momento en que ya no pensaba en juguetes ni regalos, porque era muy adulto como para eso, tal vez tendría unos catorce, y ya éramos cuatro hermanos. Sin embargo, la navidad tenía esa magia de fiesta y preparación para días especiales.

Cuando me casé, la navidad cambió por completo, ahora éramos mi pareja y yo, los responsables de realizar todos aquellos rituales, de comprar los juguetes, adornar la casa, preparar las hallacas, comprar regalos, etc. Ahora mis hijos, ya están grandes, y la navidad para ellos está cambiando, además que la situación del país es realmente particular. Converso con mis hijos sobre las películas que nos gustan relacionada con la navidad, sobre las costumbres que recuerdo como las patinatas y las parrandas, las misas y las canciones de la escuela, y me doy cuenta que hay una cantidad de ritos y hábitos que le dan forma y significado a esta época que caprichosamente elegimos mucho para ser más alegres y por qué no, más bondadosos. Entonces, me pregunto si la navidad es sólo eso, o si en verdad hay un espíritu especial que nos invade, una conciencia colectiva que nos permite ser mejores para quienes consideramos estas fechas especiales. A sabiendas que es muy probable que Jesús no haya nacido en diciembre, de acuerdo a los entendidos de la materia, que San Nicolás, Papá Noel o Santa Claus, sea una invención comercial, y que los cuentos que escuchamos no tengan mucha lógica, con todo ello, debo confesar que la navidad es uno de los mejores inventos que ha realizado la humanidad.

Por ello pienso que la navidad, responde a la necesidad de algunos, o tal vez de muchos, de tener una justificación para ser mejores personas y por qué no, de tener la esperanza de que otros al igual que nosotros, se sentirán inspirados y actuarán movidos por la compasión y la bondad. Y si es así, entonces la navidad es una expresión de nuestro ser, y va mucho más allá de los adornos, de los regalos, de las comidas, de las fiestas y de las tradiciones.

Lornis Hervilla © 2015

 

 

 

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Esta entrada fue publicada en 7 de diciembre de 2015 por en consciencia, evento, navidad, palabras, Relaciones, significado y etiquetada con , , , , , .
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