Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

La higiene de los sentidos

image Se daña el aire acondicionado de mi carro. Una fuerte brisa caliente, cargada de arena y polvo, y la temperatura inclemente que pasa los 40 grados centígrados, me sugieren que lo repare inmediatamente. Dejo el carro en el taller y me voy en un autobús que está atestado. Cada vez que estoy en un sitio tan lleno, recuerdo a las viejitas que decían “el infierno es más perqueño y tiene más gente” y por un momento me dan ganas de “portarme bien”; ustedes saben, por si acaso. La música no es de mi gusto y el volúmen esta un poco alto, no puedo evitar escuchar la canción. La letra de la canción de turno, y de las otras tres anteriores, está plagada de paradigmas limitantes. Miro a mi alrededor, y algunos van como hipnotizados tarareando las canciones. Desconozco si están conscientes, aunque más bien pareciera que actuaran por reflejo, pero de lo que no hay dudas es que conocen la letra. Por otro lado, apuesto a que no saben el significado de lo que hacen en este momento, ni lo que significa realmente la letra y mucho menos de las consecuencias que acarrea para ellos a mediano y largo plazo el “mantralizarlas”. Sigo observando y me entretengo distinguiendo las ideas que proponen en las canciones, la mayoría pueden ser consideradas como perniciosas, dañinas y atascantes. En veinte minutos, he escuchado suficiente. En las seis canciones que escuché desde que tomé el autobús hasta que llegué a mi destino, no hubo una sola de ellas que no tuviera mensajes limitantes.

Mensajes limitantes

Antes de hablar de los mensajes limitantes, es útil comentar un poco lo que son los paradigmas. En programación neurolingüística o PNL como comúnmente se le conoce, se considera que un paradigma es una creencia, una forma de ver la vida que afecta cómo interpretamos el pasado, cómo asumimos el presente y cómo encaramos el futuro. Estas creencias o paradigmas, además filtran el mundo que percibimos y nos predisponen a ciertas experiencias. Imagine que nos colocamos unas gafas de color amarillo, cuando veamos algo que sin las gafas lo veíamos azul, ahora a través de los lentes amarillos lo veremos verde, de igual forma nuestras creencias hacen que percibamos al mundo de cierta manera. Las creencias no sólo distorsionan lo que percibimos del mundo, sino que también afectan los pensamientos, sentimientos, emociones y acciones que asumimos a raíz de lo experimentado. Es importante señalar que este sistema no es lineal, se retroalimenta constantemente y las variables se influyen unas a otras de manera dinámica y permanente.

Las creencias están ocultas en refranes, dichos, frases que solemos citar, y en todo el mundo de ideas implícitas que damos por sentado como si fueran verdades indiscutibles. Una creencia no es una verdad, es sólo una apuesta que hacemos por una idea para simplificar nuestro mundo.

Una creencia es limitante cuando nos resta capacidad de respuesta. Por ejemplo, la creencia recogida en el dicho que dice: “loro viejo no aprende a hablar”, es limitante en cuanto que una persona que la diera como verdad consideraría que tienen un techo cronológico para aprender. Otra creencia limitante, recogida en un sin fin de canciones, es la que afimra que “el amor duele”, lo que llevaría a quienes la creen a temerle al amor o a asociar situaciones distintas al amor con amor.

Una creencia es potenciadora cuando incrementa nuestra capacidad de respuesta. Por ejemplo, “todos somos valiosos”. Quienes asumen este paradigma,respetarán a quienes están a su alrededor y a su vez procurarán las condiciones para estar bien ellos, ya que se consideran a sí mismos valiosos. Otra creencia potenciadora, sería por ejemplo “a mal tiempo, buena cara”, lo cual ayudaría a quien la asumiera, a mantener un buen ánimo que le ayude en las dificultades.

Ahora bien, las creencias se van formando entre otras cosas, con lo que vamos asumiendo como cierto, a través de lo que observamos y comprobamos, aun cuando en muchos casos la supuesta comprobación no esté bien fundamentada. Si una persona por ejemplo, asumió la creencia de que “hay que arroparse hasta donde alcance la cobija”, será muy temerosa de asumir riesgos financieros o incluso, comprarse un carro o una casa que asuma está fuera de su alcance. Como comprobación, la persona puede tomar, inconscientemente, un par de ejemplos de conocidos que estén complicados con los pagos y agregar lo que otros, igual de temerosos, afirmen al respecto. Entonces, un mensaje será limitante cuando contenga un paradigma o creencia limitante.

Contaminando nuestro sentidos

El asunto es que permanentemente estamos percibiendo al mundo, consciente e inconscientemente. Nuestros sentidos vista, gusto, tacto, olfato y oido, están siendo estimulados constantemente queramos o no. Cuando vamos por la carretera, aun cuando usted crea que no ve los anuncios publicitarios, conscientemente, su vista periférica sí lo hace, considere además que somos capaces de mirar con nuestra visión periférica, un rango cercano a los 180 grados de amplitud. Lo que cree que no ve porque no le presta atención, en realidad sí lo vió. ¿Cree que las empresas invertirían tanto dinero en esas vallas sólo por si alguien decidiera mirarlas?

Las canciones

Lo mismo ocurre con las canciones. Las letras de las canciones están además acompañadas de un ritmo musical que las hace aun más atractivas, pegajosas, memorizables. Si la canción está de moda, puede que la escuchemos varias veces al día y probablemente en menos de un mes, usted conozca gran parte de la canción sin haberla estudiado. ¿Cree usted que las ideas de la letra de la canción no harán nada en usted? Preste atención a lo que afirman en las canciones que escuhe y pregúntese realmente si lo que se dice es cierto. Por ejemplo, “no puedo vivir sin tu amor”. ¿Realmente alguien puede dejar de vivir por eso?. ¿Qué opina de las siguientes frases? “la calle es una selva de cemento”, “la vida no vale nada”, “Ella se entrega cuando baila reggaeton “, “soy un perdedor, I’m a loser baby, so why don’t you kill me”, “desnudate que esta noche va a ser algo mio mi mujer porque ese tonto que te tiene en casa no te sabe querer como yo”. En fin, numerosos los ejemplos que pudiéramos citar, diría que la mayoría de las canciones contienen mensajes limitantes. ¿Dónde creen que van a parar estas ideas? Claro está que el grado de sugestionabilidad, y el tiempo de exposición influyen en lo que puedan hacer estas canciones, pero piense en los casos en que la canción sea una de sus favoritas o esté de moda, piense en que además la música sea de su agrado y le resulta muy “pegajosa”, que le gusta el ritmo o tal vez le resulta especial porque una persona se la dedicó, imagine cuántas veces habría de escucharla. Muchas de esas canciones están cargadas de mensajes limitantes, violentos, denigrantes del ser humano en general. Son creadas por personas que desconocen lo que dicen porque son víctimas de creencias limitantes y las reflejan en las canciones, también por quienes tienen interés de fomentar ciertas creencias o porque consideran que será bien recibida por el público que comparte ciertos paradigmas. El asunto es que mientras haya un público incauto que pague por escucharlas, seguirán produciéndolas, contaminando a quienes la escuchan porque les gusta y a quienes la escuchan fortuitamente.

El ritmo de la música también puede ser perjudicial. Está demostrado que la música tiene un impacto en nuestro sistema nervioso, que además altera nuestras percepciones y es capaz de modificar nuestro ritmo cardíaco y nuestra respiración. Un cierto ritmo, además facilita que el mensaje pase a nuestro inconsciente, ya que la musicalidad hace que nuestro cerebro cree una asociación o anclaje entre la letra de la canción y la sensación de agrado que nos inspira la música que la acompaña.

Contaminación visual

Ya había mencionado el caso de las vallas publicitarias, algunas con imágenes subliminales con alto contenido sexual, en las que para camuflar el mensaje implícito, utilizan niños o escenas familiares. Conscientemente apreciamos una escena que parece inofensiva, pero los elementos están colocados de una manera o contienen patrones o siluetas que son percibidas por nuestro inconsciente. Suele hacerse en imágenes complejas y con muchos colores, o en aquellas donde el patrón es complicado de descifrar.

Cine y televisión

Además de las imágenes publicitarias, generalmente combinadas con estímulos auditivos, debemos agregar las películas y sobre todo los programas matutinos, las series y las novelas. A través de estos programas, suele mostrarse una manera de ser y de actuar que no necesariamente ayuda a construir un mundo mejor, sino todo lo contrario. Se muestran antihéroes de una manera peligrosa, donde resulta bueno enriquecerse a costa de venta de drogas, robos, asesinatos, estafas, traiciones. Los mensajes implícitos de estas películas suelen ser: que vale la pena arriesgar la vida propia y la de los demás por dinero y poder, que la vida no vale nada y podemos aniquilar a quienes se interponen en nuestro camino, que la venganza es natural y positiva, que los “buenos” tienen derecho de hacer lo que quieran con “los malos”, que el sexo es trivial y es bueno hacerlo por deporte y diversión, entre otras cosas. En el mismo orden de idea están los casos de algunos actores y relacionados que trabajan en las películas, los medios se encargan de crear un mundo virtual a su alrededor, enviando el mensaje de que la fama y el dinero son buenos justificativos para pasar por alto conductas aberrantes que denigran al ser humano y que contribuyen a nuestra destrucción. Entonces está bien que una celebridad haga locuras porque “es excéntrica”. Incluso, se hacen programas para niños y jóvenes donde se maltratan animales o se destruyen objetos valiosos  sin importar el costo ambiental de esos bienes. También a través de los programas y películas, se nos dice qué debemos considerar hermoso, cuáles son los países buenos, quienes son “tontos”, qué hacer con quienes son diferentes, proponiendo una cantidad de antivalores que poco a poco son asumidos por los niños, jóvenes y adultos. También, como algo gracioso se suelen hacer programas donde se desperdicia la comida, lo cual debería ser un insulto a la humanidad considerando que en este momento millones mueren de hambre ¿Cree que esto sea gracioso?

Recientemente, estuve pensando y me di cuenta que también a través de los alimentos somos influenciados y manipulados por grandes corporaciones, las cuales invierten inmensas sumas de dinero en publicidad para lograr que lo que producen, que generalmente no alimenta, sea preferido por nosotros. Si quiere comprobarlo, puede revisar quienes invierten más en publicidad y se encontrará con que la mayoría son de los que producen los ingredientes de la llamada comida chatarra.

El gusto

Nuestro paladar se ve asaltado hoy día con sabores que no están presentes en la naturaleza o que no se encuentran en los alimentos en las concentraciones que logran con los aditivos que le añaden, la mayoría, perjudiciales para nuestra salud. Lo importante para quienes trabajan por conseguir estos sabores intensos, es dejarnos en la memoria una impronta que jamás olvidemos, asegurarse que reconozcamos su producto por sobre todas las cosas y que además, lo prefiramos, sin importarles los daños que nos puedan ocasionar.

Puede comprobar lo que digo, observando uno por uno los ingredientes de una hamburguesa de cualquiera de las cadenas de alimentos. Cada uno de los ingredientes sería suficiente para darle sabor a la hamburguesa, pero no, ellos se encargan de que el sabor de las hamburguesas nos golpee tan fuerte el paladar que caigamos inconscientes en sus manos. ¿Cree usted que es necesario colocarle todas esas salsas a una comida? En esos sitios, lo que es salado suele ser bastante salado y lo que es dulce, real e intensamente dulce. ¿Es necesario colocarle tocinetas a una carne que de por sí ya tiene grasa?. Cuando un incauto la prueba, y sobre todo si lo hace repetidamente, pierde la sensibilidad a los sabores  naturales, comienza a percibirlos insípidos. Entonces, para disfrutar nuevamente del sabor de las comidas, debe recurrir, inconscientemente, a comidas como la terrible hamburguesa de los sabores intensos, o debe aderezar su comida con las múltiples salsas y la sal excesiva, en fin, debe inyectarle a su comida los químicos que deterioran su salud para obtener sabor, sin percatarse de que su paladar realmente fue reeducado para comportarse así. Ni hablar de las bebidas. Una lata de gaseosa contiene más de nueve cucharadas de azúcar, el doble del azúcar necesaria para endulzar un jugo, tiene además gas en forma de carbonato que produce gases y la cafeína y el ácido fosfórico, su principal ingrediente, descalcifican los huesos. Con todo ese cóctel químico se saborizan estas bebidas artificiales, de una manera tan única y adictiva que enganchan a muchas personas que con el tiempo padecen las consecuencias de su adicción. Los jugos pasteurizados también tienen saborizantes, algunos espesantes y colorantes. ¿Para qué? Para que aprendamos a que un jugo de naranaja es de un determinado color y sabor, y lo prefiramos por sobre el natural, que sí tiende a varíar en sabor y color. Algunos alimentos que se venden como queso, ni siquiera tienen leche, algunos que se venden como chocolate no tienen cacao, y así sucesivamente. Llega un punto en que las personas asociamos sabores a las carnes, cereales, vegetales y frutas que en realidad no existen en la naturaleza sino que son producto de los laboratorios. Lo más dramático es que poco a poco vamos perdiendo la sensibilidad de nuestro paladar, y nos vamos distanciando de los sabores “simples”. Algunas veces hasta en las comiquitas les enseñan a los niños a despreciar las ensaladas porque se supone que son “cool” si la botan por debajo de la mesa o si se revelan a sus padres si le piden que las coman.

¿Premio o castigo?

Insólito es que algunos padres premian a sus hijos comprándole la peor comida que le puedan dar, llevándolos a estos sitios de comida chatarra como premio, incluso diciéndoles “si no te portas bien no te traigo más”, cuando más bien debería ser al contrario. Un padre malvado, le diría a sus hijos para asustarlos mucho algo así como “si te portas mal te traigo a este sitio a comer”. ¿Sabrán esos padres que están matando a sus hijos con esa comida? No sólo eso, enseñándoles que esa comida es un premio, entonces, cuando ya el niño es un adulto, ¿Qué cree que va a comer para premiarse? ¿A dónde cree que llevará a sus hijos si “se portan bien”?

Además, premiar a los niños con comida, es enseñarles que la comida es un premio, y no cualquier comida, la peor comida. ¿Es de extrañarse entonces, que esos niños sean obesos en el futuro?

Con los licores para algo parecido, algunos toman para celebrar, a veces al punto de embriagarse. La pregunta que deberíamos hacernos es ¿Tiene sentido destruir mis neuronas, dañar mi hígado, hacer sufrir mis riñones, mi aparato circulatorio, para celebrar? Esto sin considerar las consecuencias sociales y personales del que se embriaga. ¿No le parece un poco extraño que para celebrar elijamos destruirnos, aunque sea de apoco? ¿Será que lo hacemos porque nos enseñaron que así se hacía? ¿Estaría de acuerdo en pegarle unas patadas a su carro si le va bien en un viaje? o tal vez, ¿Romper unas ventanas de su casa porque se siente contento? Sería ilógico, ¿cierto? La destrucción de nuestro cuerpo como acto de celebración no tiene sentido.

Paradojas

Desde hace un tiempo decidí dejar de comer carne, algunos le llaman a quienes no comemos carne animal, lacto-ovo-vegetarianos. Las razones por las que decidí hacerlo las comentaré en otra reflexión, por ahora, sólo quiero comentar que nunca me imaginé que tomar esa decisión causaría incomodidad a algunas personas, o que resultara tema de discusión para algunos conocidos, ni tampoco que me encontraría a tantos promotores de las carnes que tratarían de convencerme a retornar a “la cordura de comerla”. Algunos incluso intentan hacerlo dándome alimentos con carne camuflados entre purés, empanizados, etc. No juzgo a quienes se alimentan con carne, ni trato de convencer a nadie sobre los beneficios de ser vegetariano o de las razones ambientales para decidir hacerlo, creo que es una decisión personal que funciona mejor cuando es por convicción que por coacción. Sin embargo, me parece extraño y hasta paradójico que quienes no cuidan su alimentación intenten que siga sus pasos.

Sinestesia

Hay muchos otros ejemplos de situaciones cotidianas donde se ilustra cómo estamos siendo influenciados intencionalmente para que nos comportemos de una u otra manera, empleando para ello todos nuestros sentidos. Para lograrlo, los interesados en crear y reeducar nuestras creencias se valen de un fenómeno natural que ocurre en nuestros cerebros, denominado sinestesia.

La sinestesia es la asociación de un estímulo sensorial con un recuerdo sensorial distinto al del estímulo. Por ejemplo, oler el aroma del café puede traernos a la mente una imagen de una taza humeante; este sería el caso de un estìmulo olfativo (el olor del café) asociado a un recuerdo visual (la imágen de la taza). Otro ejemplo, puede ser que veamos una fotografía de la playa y nos llegue el recuerdo del sonido del mar o el olor del agua. La sinestesia es aprovechada por las compañías publicitarias para asegurarse de llegar con su mensaje a todos nuestros sentidos, sobre todo, para asegurarse que posteriormente y con el mínimo estímulo se dispare el proceso y asociemos su marca y prefiramos sus producto a la hora de comprar. Así funcionan lo símbolos o insignias de los carros, o hasta la tipografía empleadas en empresas, negocios, películas, etc. ¿Qué tiene que ver todo esto con la higiene de los sentidos? Pues, que la sinestesia se produce constantemente, y tan natural y fluido es este proceso, que no lo notamos. De esta manera, un pequeño estímulo, como un trozo de canción, puede desencadenar en nosotros una cantidad de emociones, sentimientos y acciones inconscientes, relacionadas con recuerdos olfativos, visuales, por decir algunos. Adicionalmente, todo esto se combina como lo expliqué al inicio con las ideas contenidas en las canciones, de una manera inconsciente. Es decir, quedamos programados para comportarnos de una manera sin percibirlo y ya no somos capaces de distinguir los disparadores para ciertos comportamientos automáticos (que no notamos).

La higiene de los sentidos entonces radica en cuidarnos hasta donde nos sea posible de estas programaciones. Caer en cuenta por ejemplo, de las letras de las canciones y evitar cantar aquellas cuyas letras tienen mensajes que van en detrimento de nuestros intereses o valía. Comprender que hay contenidos que van más allá de nuestro consciente, de  nuestra capacidad de filtrarlos, y que si nos exponemos a ellos o esos ambientes, seremos influenciados de maneras que nos pueden perjudicar, porque aunque no lo aceptemos, se filtra en nosotros esa información, se cuela a nuestro inconsciente. Saber que la repetición y la frecuencia también son importantes, por lo que mantenernos relacionados con ciertas películas o programas puede hacer de ello un hábito que terminará por modificar la manera en que percibimos al mundo, y tristemente ocurrirá sin que nos percatemos.  Piense en esto, ¿Por qué cree que los gobiernos invierten tanto dinero en propaganda contra el enemigo en las guerras? ¿Por qué las corporaciones invierten tanto dinero en publicidad? La higiene de los sentidos pasa por abstenernos de ciertas fuentes de información, que a priori sabemos o sospechamos tienen sólo intereses comerciales y que en nada coinciden con nuestros intereses.

La higiene de los sentidos implica entonces, cuestionar y cuidar lo que oímos, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que sentimos, lo que probamos. Un cuestionamiento y cuidado sano y consciente, porque de no hacerlo estaríamos subestimando los mecanismos que han sido estudiados y probados por años y que funcionan. Sobre todo, la higiene de los sentidos implica cuidar a los niños. Evitar en lo posible que sean vulnerados con toda estas propagandas y manipulaciones que atentan contra la evolución del ser humano y de la conciencia.

Lornis Hervilla © 2012

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Esta entrada fue publicada en 1 de agosto de 2012 por en consciencia, discernimiento, PNL y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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