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El espejo que refleja nuestro interior

El erotismo en las relaciones de pareja

couple-hugging-each-other_artTenía una deuda con mis amigos lectores y conmigo mismo porque aún no respondía a la cuestión de si el amor es suficiente en las relaciones de pareja o hace falta algo más. Para quienes llegan a este post sin haber leído los otros relacionados, les digo que ya antes he hablado de la diferencia de “Amar, querer y enamorarnos” y de la importancia de la amistad en las relaciones de pareja, ahora es el momento de hablar del erotismo en las relaciones. Para efectos de este post asumiremos como erotismo, la atracción y el disfrute de la relación sexual en la pareja, y aunque no es el único factor importante en una relación, en determinados momentos sí que tiene una importancia suprema.

El erotismo en la pareja

En varias ocasiones me han preguntado qué tan importante es el erotismo en las relaciones de pareja, y la verdad es que no tengo una respuesta para esa pregunta y tal vez nadie tenga una, al menos no una definitiva, porque no hay manera de medirlo, o por lo menos aun no conocemos cómo. Sin embargo, tal vez podamos ponderar su importancia de acuerdo a ciertos factores, tales como: momento, atracción, salud, confianza, placer y oportunidad.

Entendiendo que cada relación de pareja es particular y que no estamos hablando de factores fijos o con límites bien diferenciados, sino de aspectos a tener en cuenta y que nos sirven de guía para tener puntos de vista variados desde los cuales contemplar este tema. Cada uno de estos factores influyen en el comportamiento sexual de los individuos y por ende de la pareja, desde un punto de vista fisiológico y psicológico. Ahora bien, la idea no es ser exhaustivos en cuanto a describir cuales son todos los factores a tener en cuenta, sino dar idea de lo diversos que son.

Momento: Cada individuo tiene un momento, pero este momento no es único, tiene ramas. Hay un momento histórico, que tiene que ver con los tiempos en los que vivimos y el lugar en el que nos desenvolvemos, por ejemplo, no es lo mismo una persona del siglo V a una del siglo X o del presente siglo, cada época tiene particularidades que nos influencian. Este momento histórico a su vez es influenciado por la zona geográfica en la que ocurre y por condicionamientos sociales de dicha zona.

A su vez, hay un momento presente, el que vivimos aquí y ahora y cada uno es diferente. Hay quienes por ejemplo, son físicamente más activos en la mañana, y hay quienes lo son más en la tarde. De igual forma, no siempre estamos activos sexualmente a toda hora, hay momentos en los que estamos con mayor disposición y otros en que no tanto.

También está el momento de la pareja, que tiene que ver con el cómo están viviendo la relación, la sincronía que hay entre los dos, sin importar si hay armonía, diferencias o peleas. Esa sincronía se manifiesta más bien como el caminar juntos, cuando cada uno acomoda el paso para seguir al otro, o como bailar, cuando hacemos ajustes para guiar o llevar el paso del compañero. En esta sincronía entra el tema de las edades, aunque como ya dije antes, cada individuo es particular. Las edades en la pareja es un elemento a ser considerado, ya que jamás tendremos el mismo ímpetu en todas las épocas de nuestra vida, y esto es algo que debemos comprender y asumir. Cuando no se hace, surgen distorsiones que nos pueden llevar a cometer las mayores tonterías, incluso, poniendo en riesgo nuestra salud mental, emocional y física.

Atracción: Otro aspecto a considerar es la atracción física que exista en la pareja. Esa atracción la comprenderemos como el gusto de verse, de acariciarse, de compartir, llegando hasta el deseo de estar juntos. Cuando en una pareja la atracción es muy poca o ninguna, comienzan a descuidar o evadir la intimidad sexual. Aquí voy a mencionar varios elementos que considero vitales, en este punto. En primer lugar, no es necesario lucir como Afrodita o Adonis para lucir atractivos, pero eso no significa que no descuidemos nuestra apariencia física, comenzando por el aseo. Si hay algo que es poderoso en los seres humanos, es el olfato, y si no cuidamos nuestro aseo por mucho que nos amen, estaremos colocando elementos disuasivos que definitivamente disminuyen la atracción. Además de la apariencia de nuestra dentadura, debemos cuidar la calidad de nuestro aliento, y aunque definitivamente habrán ocasiones en las que tengamos un aliento desagradable, esto debe ser la excepción y no la regla. También podemos pedirle a nuestra pareja, que nos haga saber abiertamente cuando nuestro aliento no esté bien. Un indicador de la calidad de nuestro aliento es la salivación. Si nuestra saliva es abundante, es muy probable que nuestro aliento esté bien, en cambio si es espumosa, es muy probable que nuestro aliento esté mal, porque las bacterias que causan la halitosis les va mal en la humedad y se dan mejor en las bocas secas. Ahora fíjense en lo siguiente, una de las características del estrés, es justo causar lo que algunos llaman el síndrome de la boca seca.

El sentido de la vista también participa activamente en el proceso de atracción. Vernos saludables y de forma agradable, es también importante. Si nos mantenemos desarreglados, con una apariencia desagradable asiduamente, vamos a disminuir la atracción visual que ejercemos sobre nuestra pareja. Pregúntese en lo siguiente, ¿Saldría a la calle como estoy ahorita? Si su respuesta es negativa, haga algo. Puede que esté haciendo labores en la casa o trabajando en el jardín, y se ensucie, sude, se manche y se despeine, está bien, sólo asegúrese que luego, en algún momento del día estará limpio y visualmente agradable. Una de las cosas que me llama la atención, es la ropa que algunas personas eligen a la hora de dormir, claro está que es una cuestión de gustos, pero si desea incrementar la atracción que ejerce sobre su pareja, tenga presente que hay ciertas ropas que van en detrimento de este objetivo y otras que ayudan.

Las miradas y los gestos en general también competen al campo visual y tienen gran importancia en cuanto a la seducción se refiere. Podemos hacernos gustar más si miramos a nuestra pareja a los ojos, porque esto aumenta la confianza entre ambos. Por esta razón, todo elemento distractor que desvíe la mirada de nuestra pareja hacia nosotros y viceversa, se convierte en un obstáculo, me refiero en especial a computadoras, TV y celulares. Tener un televisor al frente cuando comemos, o peor aún, en el dormitorio, es garantía de que no nos vamos a mirar a los ojos. Aunque parezca asombroso, hay casos en los que aun estando uno al lado del otro a diario, entre ver el televisor, la pantalla de la computadora y el celular se les va el tiempo y no hacen contacto visual con su pareja por días. Por esta razón, si desea ser más atractivo, entonces olvídese de esos dispositivos por intervalos de tiempo, salga de ese mundo virtual y concéntrese en el aquí y ahora, mire a su pareja, en especial, mírela a los ojos, seguramente lo hacía cuando inició la relación.

En cuanto a los gestos, tanto los que hacemos con nuestra cara, como el lenguaje corporal en general puede hacernos más o menos atractivos. Una sonrisa por ejemplo, suaviza las tensiones, un guiño, el gesto de un beso, una mirada cómplice, todo eso ayuda a incrementar la atracción. Dejar de hacerlo es perder estos elementos que aunque sencillos son bastante poderosos. Del ceño fruncido, las miradas de reproche, provocan todo lo contrario.

Desde el punto de vista auditivo, podemos hablar de la manera en que le hablamos a nuestra pareja. Un tono de voz suave, claro, cariñoso, acompañado de palabras tiernas, con seguridad nos va a ayudar más que los gritos y las descalificaciones. ¿Desde cuándo no le susurra una frase cariñosa a su pareja en el oído? ¿Cuándo fue la última vez que le hizo un cumplido?

Los temas de conversación también son mecanismos para incrementar o disminuir la atracción. Hablar de cosas catastróficas o de problemas no nos hace más atractivos, no es que no se puedan tocar estos temas, pero definitivamente disfrutamos más si hablamos de eventos positivos, de nuestros planes y en especial, de lo que nuestra pareja desea. Esto último es vital, debemos preguntarle a nuestras parejas qué quieren, pero no a modo de interrogatorio, sino por un deseo verdadero de saber más de ellas, de cuáles son sus sueños, cuáles sus temores, cuáles sus logros o sus anécdotas. Todos los seres humanos estamos en constante cambio, por eso no debemos caer en el error de creer que ya sabemos todo de nuestra pareja; es un ser cambiante, asúmala como un misterio, asegúrese de mantenerse al día para explorar ese misterio, ese interés hará que la atracción sea cada vez mayor. De vez en cuando, pueden fantasear a que se conocen nuevamente, hacer que son desconocidos y flirtean el uno con el otro. Recuerden cómo se conocieron, en fin, dense la oportunidad de conectarse y mantenerse conectados. Si están lejos uno del otro, llamarse resulta una buena forma de mantenerse en contacto, usar esa ausencia para manifestar que se extraña a la pareja, o el deseo que tienen de juntarse con el otro, es algo que refuerza la atracción.

Considero que el sentido del tacto es un sentido en cierta forma subestimado, más sin embargo uno de los más importantes, sino el más, para crear lazos íntimos. En este sentido las caricias son por excelencia un mecanismo de seducción, produciendo en quien la da y en quien la recibe, las más variadas y agradables sensaciones. Por fortuna, cada zona de nuestro cuerpo tiene diferentes niveles de sensibilidad, y cada cuerpo es a su vez distinto, así que es tarea de la pareja descubrir cuáles son aquellas caricias que son mejores recibidas por el otro, y cuáles las que más le agrada recibir. El recuerdo de la caricia en sí mismo no es lo importante, sino lo que el otro siente a través de la misma. Esa permanente sensación, cuando se es constante, permite crear un anclaje que relaciona la presencia del otro y la sensación de tranquilidad y de placer. Esas caricias no tienen por qué ser muy elaboradas, algunas veces basta tomar la mano, otras, acariciar suavemente una mejilla o una ceja, tal vez tocar el cabello o un beso. Las caricias se dan muy bien acompañadas de frases, pero algunas veces, basta que sirva la misma caricia de diálogo directo que hable de lo que sentimos por el otro.

La salud

Cuando estamos saludables, sanos física, mental y emocionalmente, podemos mantener una relación íntima de mucho mayor calidad que cuando algo nos aqueja. No voy a extenderme en este punto, pero si quiero mencionar que entre lo físico, lo mental y lo emocional, son estas dos últimas las que más influyen en la calidad de nuestras relaciones. Si bien en cierto que hay enfermedades y afecciones que pueden limitar nuestra capacidad de compartir intimidad sexual, no suelen ser definitivas. En cambio, cuando hay traumas, cuando hay vergüenza, resentimiento, rabia, odio, ansiedad, estrés, sí que surgen problemas para relacionarnos con la pareja. Por esa razón, lo mejor que podemos hacer en esos casos es hablar con nuestra pareja sobre lo que pensamos nos está ocurriendo y buscar ayuda profesional para superarlo. He sido testigo de parejas en las que ha habido silencio respecto a una condición médica que afecta la intimidad sexual y por no haberlo hablado, el otro erróneamente piensa que ya no hay interés o que hay alguien más y la situación se agrava. Lo mejor es hablarlo y hacer algo para superarlo.

También es importante comprender que no siempre estamos al cien por ciento de nuestras capacidades, pueden surgir momentos puntuales o temporales en los que alguno de los miembros de la pareja, sin necesidad de presentar una enfermedad, tenga un bajón en sus niveles de deseo. Debemos ser respetuosos y pacientes en estos casos, y darle tiempo y espacio, nuestra pareja nos lo va a agradecer después. Es totalmente contraproducente, el querer coaccionar, presionar u obligar de alguna forma a nuestra pareja para que intime con nosotros. No hay ninguna obligación moral ni legal que pase por encima del libre albedrío. Lamentablemente, hay quienes no lo ven así y se aprovechan de alguna posición de poder para forzar al otro a que consienta lo que no quiere. Con el tiempo, quien procede así no hace más que crear profundo resentimiento en el otro. La intimidad debe surgir de manera fluida y sin presión, debe ser más un baile, una danza, caminar juntos en armonía.

La confianza

Para que haya un disfrute pleno de la intimidad sexual, es importante que haya confianza. Sentir que no somos juzgados y a su vez no juzgar, saber que podemos entregarnos a un momento sagrado en el que quedamos al descubierto. Procurar que la confianza vaya in crescendo dando muestras de que somos fiables. La confianza no suele darse de manera espontánea, sino más bien es producto de la observación en el tiempo de nuestro comportamiento, es un terreno que se va conquistando con pequeñas victorias que le confirman al otro que no somos una amenaza sino más bien un aliado.

Placer

Cuando intimamos sexualmente con el ser al que amamos, no lo hacemos por la búsqueda de un gozo mezquino, sino que el gozo surge como consecuencia de la unión. Cuando nos aproximamos así al otro, deseamos más bien hacer que se sienta amado, que disfrute y goce de nuestra compañía, y el otro a su vez hace lo mismo, esto es una faceta del amor y por eso, a este tipo de unión se le suele llamar “hacer el amor”.

Cuando en cambio se intima sólo pensando en el disfrute egoísta, en recibir placer usando al otro, estamos actuando justo de la manera contraria al amor. Este tipo de unión está destinada al fracaso, no sólo no duran en el tiempo, sino que dejan un amargo sabor de boca en ambos, con el tiempo incluso resentimiento o ingratos recuerdos.

Por esta razón, las relaciones sanas en las que el otro busca el placer de su compañero, se genera un ciclo virtuoso que se realimenta a sí mismo, es decir, que conduce a la profundización de los lazos amorosos que los unen.

Oportunidad

Oportunidad significa buscar y crear el contexto ideal para que ocurra el encuentro. En primer lugar y aunque parezca obvio, es hacer que coincidamos espacial y temporalmente. Si una pareja vive en una misma casa, por ejemplo, pero sus horarios de trabajo están invertidos, es decir, que uno trabaja mientras el otro está en casa y viceversa, no hay oportunidad de que estén juntos. Si comparten el mismo lugar, pero están metidos cada quien en lo suyo (celular, televisión, computadora, amigas o amigos, hijos, familiares, etc.) no habrá forma de que estén juntos. Si no se reservan tiempo para ellos, nadie lo hará. No tiene que haber una gran planificación en esto, suele ir mejor cuando se es espontáneo al respecto. Buscar los espacios físico-temporales juntos es divertido y crea un ambiente de complicidad, aunque para esto no hay reglas y cada pareja se adaptará a lo que mejor le vaya. Sin embargo, hay que evitar los extremos, no actuar como irresponsables y dejarse llevar por la magia del cine, donde las parejas simplemente se dejan llevar, porque incluso pueden poner en riesgo sus vidas. Tampoco hacer un plan riguroso que tome en cuenta recursos, fechas, hitos, actividades, responsables, riesgos, contingencia, y demás elementos de los planes rigurosos, porque tampoco funciona. Sería algo así como pedirle a alguien que nos organice una fiesta sorpresa o explicar un chiste, no se puede. Hay que dejarse fluir con sensatez.

Las oportunidades también se pueden crear, el romance es una de ellas. Es difícil no sentirse agradado cuando hay una serie de elementos que nos cautivan, como una música suave, una hermosa vista, o un lugar iluminado por velas, un baile suave, o divertirnos realmente. Estos momentos son oportunidades que podemos crear para incentivar la intimidad, pero hay un detalle vital que debemos cuidar: jamás debemos hacer algo por el otro esperando que nos premien. Si propiciamos un momento especial o una velada romántica, no pensemos “ahora ya hice mi parte, es momento de que me pague”. Esto es terrible y no está alineado con el amor, es más bien una transacción. Si damos es sin esperar recibir, esa es la máxima. Entonces lo que digo es que podemos crear momentos mágicos y en lo que menos esperemos ocurrirá, pero si no hay ninguna oportunidad de que estemos juntos, es imposible que pase. Por ejemplo, si nos quedamos hasta muy tarde viendo televisión, lo más probable es que nos quedemos dormidos con el televisor encendido ¿Qué oportunidad creamos al hacer esto? Ninguna. Si estamos todo el día con el celular en la mano y no nos miramos a los ojos, no nos abrazamos, no nos tocamos ¿Qué oportunidad estamos creando? Ninguna. Si cada uno va por su lado en todo momento, si no compartimos, si no paseamos, si no nos acompañamos en las tareas domésticas ¿Qué oportunidades estamos creando? O si no las pasamos peleando y riñéndonos, si nos criticamos e insultamos ¿Habrán ganas de intimar? Jamás. Entonces, también el comportamiento, las actitudes, los gestos, cuentan a la hora de crear oportunidades.

Lornis Hervilla © 2016

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Esta entrada fue publicada en 16 de marzo de 2016 por en Amor, Pareja, Relaciones y etiquetada con , , , , .
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