Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

¿Estas solo o… te sientes solo?

El tema de la soledad nos atañe a todos y en alguna etapa de nuestras vidas, nosotros o alguien estrechamente ligado a nosotros, llega a sentirse solo. Primero, hablemos un poco de qué es la soledad y en qué se diferencia a estar solos.

¿Qué es la soledad?

Podríamos decir que la soledad es una sensación de aislamiento que obedece principalmente a un estado mental y emocional, que suele sumirnos en estados de decaimiento, tristeza o incluso depresión. Pero, no debemos confundir la soledad con estar solos. Incluso, una persona rodeada de seres queridos, pareja, hijos, amigos, puede llegar a sentirse sola.

¿En qué se diferencia estar solos de la soledad?

Estar solos es una cuestión de definición y solemos basarnos para ello en las distancias físicas o en la relación que guardamos con quienes nos rodean, claro está es subjetivo, pero no implica estados emocionales limitantes, usamos el término para describir subjetivamente distancias de separación o aislamiento de las personas. En ocasiones, somos nosotros los que elegimos estar solos, y muchos lo hacemos para ponernos en contacto con lo más íntimo de nuestro ser. Generalmente, cuando elegimos estar solos nos repotenciarmos emocionalmente. Algunas personas, eligen vivir solas por un tiempo o por el resto de sus vidas sin que esto haga mella en ellas, es condición que no debilita, si se quiere sana, en la que solemos dedicarnos a la introspección, al auto conocimiento y a la profundización espiritual.

Ahora bien, hay casos en que “estar solos” en realidad es soledad disfrazada. Por ejemplo, quienes dicen elegir esta solos pero en realidad están rehuyendo compañía. En su caso, no es una elección o respuesta, sino más bien una reacción, y su motivación es el miedo, miedo a relacionarse. Lo que nos mueve a estar solos en ese caso es el temor a resultar heridos o a vivir situaciones desagradables. Estas personas están incluidas en el grupo que experimenta soledad.

Cómo saber cuál es nuestro caso

Distinguir entre soledad y estar solos es sencillo. Cuando experimentamos una sensación de separación del resto, de aislamiento, sufrimos de soledad. Si en cambio, independientemente de si estamos o no físicamente con seres queridos o conocidos, nos sentimos bien, plenos, en paz, todo está bien.

“La soledad, es mala consejera”

Hay un dicho por allí, inmortalizado en una canción de salsa de la Sonora Ponceña, que dice: “la soledad es mala consejera”; y es que cuando nos sentimos solos, las percepciones que tenemos del mundo se distorsionan, los colores se opacan, la risa se apaga, los ojos pierden su brillo, los comentarios se agrian, la musicalidad de la vida desaparece, nuestra vida se hace aburrida, monótona y gris, nos predisponemos a los peores escenarios, surgen expectativas negativas, nuestra energía decae, al igual que nuestro tono muscular y nuestro sistema inmunológico se debilita. Sentirnos solos repercute negativamente en nuestro cuerpo, en nuestra mente y en nuestro espíritu. Soy de la opinión que sentirnos solos debería ser tratado como una enfermedad y como tal, trabajar en función de salir de ese estado.

Escenarios

Hay situaciones típicas que plantean el escenario para que permitamos surgir en nosotros la sensación de soledad. Hablaré de las más comunes y luego de mencionarlas, explicaré cuál es la causa real de la sensación de soledad y cómo podemos salir de esta situación o mantenernos “vacunados” contra ella.

Relación de pareja

Separación física de la pareja

Podemos a llegar a sentirnos solos, al final de una relación sentimental, sobre todo si la separación no era esperada o había la esperanza de que la misma pudiera recuperarse. Esta sensación de soledad surge de la errónea idea de perder a alguien, como si la persona alguna vez hubiera sido de nuestra propiedad. Lo cierto es que jamás lo fue y jamás alguna otra persona lo será, pero en nuestra mente podemos hacernos la ilusión de que efectivamente “tenemos” a alguien. En este caso, suele superarse esta sensación de soledad cuando surge una nueva relación o cuando asimilamos que la personas no son de nadie, aunque esto último no suele ser una reflexión común y si se hace, suele ser desde la intelectualidad y no desde la conciencia. En todo caso, pensar que “tenemos” a alguien, es un grave error que irremediablemente nos conducirá en algún momento a experimentar soledad.

Separación mental y emocional de la pareja

En otras ocaciones, la separación de la pareja ocurre a un nivel ajeno al físico, puede ser a nivel mental o emocional, por ejemplo, son los casos de las parejas que viven juntas pero uno de ellos o ambos no percibe al otro. Este caso es más grave que el anterior. Si ellos consideran que existen razones por las cuales soportar esta situación, en lugar de resolverla, la misma puede prolongarse. Estas razones por las cuales aguantar pueden ser de distinta índole, como por ejemplo, la presión social o lo que es igual a “lo que puedan pensar los demás”; parejas que por el largo tiempo que llevan juntas prefieren “lo conocido que lo malo por conocer”; compromisos económicos, es decir, piensan en las consecuencias económicas de una separación, la conocida y odiosa repartición de bienes. También ocurre en personas con hijos que juraron consciente o inconscientemente que jamás se separarían de ellos y que les brindaría un hogar, como el que tuvieron ellos o como el que no tuvieron; o el caso de quienes consideran que si sus padres lo hicieron ellos deben emularlos pues, es lo que debe hacerse. Quiero aclarar que la separación no es necesariamente la solución para el padecimiento de soledad, incluso este mal puede agravarse. La solución es individual y desde adentro, pero lo explicaré luego.

Ausencia de pareja

La ausencia de pareja, también es una causa frecuente que nos puede llevar a la sensación de soledad. Ocurre tanto en mujeres como en hombres, sin embargo, la apariencia de manifestarse más en el sexo femenino se debe a que las mujeres suelen hablar más de sentimientos que los hombres, aunque esto también está comenzando a cambiar. Ahora, dentro del grupo de los que se sienten solos porque no tienen pareja, hay otros casos particulares. Están los que renunciaron a buscar pareja porque consideran que no vale la pena, ya que piensan que no lo merecen, porque sus experiencias pasadas les hacen temer lo peor, en fin, decidieron desistir aunque no están del todos convencidos. Está otro subgrupo, que son quienes si están buscando pero no terminan de conseguir al indicado o indicada, y en cada intento fallido por establecer una relación que los haga sentirse bien, se profundiza el sentimiento de soledad y se refuerzan las condiciones para permanecer sumido en él.

Los Hijos

La sensación de soledad también puede surgir cuando los hijos van creciendo y se van haciendo cada vez más independientes. Algunos padres sienten que pierden control sobre ellos y se dejan asaltar por el temor de “perderlos”, como si los hijos alguna vez hubieran sido de su propiedad. Otra situación, es cuando los muchachos se gradúan y por cuestiones de estudios deben viajar a otros lugares lejos de su hogar. Esto puede ser tan intenso, que algunos padres hacen todo lo posible por evitar la situación, poniéndole trabas, hablándoles de escenarios catastróficos, ofreciéndoles trabajo o facilidades, etc. El matrimonio de los hijos con su consiguiente mudanza del hogar, puede hacer surgir la sensación de soledad en los padres e incluso en los mismos hijos. Algunos padres llegan al extremo de ofrecerles su propia casa, de construirles anexos o de comprarles algo en un sitio muy cercano. Lo peor es que en estos casos, le transmiten el miedo a la soledad a sus hijos, quienes a su vez aceptan el cautiverio en el que se encuentran y se lo enseñan a la próxima generación.

La Muerte

El fallecimiento de familiares o amigos es otro de los detonadores que pueden llevarnos a experimentar soledad. Sobre todo en los casos en que se mantenía una relación de dependencia con el difunto, y esta sensación puede ir desde una leve sensación de ausencia hasta una intensa sensación de vacío. Esto puede ser que dure sólo un lapso de tiempo, pero se hace realmente preocupante cuando no ocurre así.

Mudanzas

Cuando dejamos el lugar donde vivimos, solemos dejar atrás amistades y lugares queridos, el cambio de ubicación geográfica puede ser un detonante para percibir la sensación de soledad, y pasa cuando nos adaptamos al nuevo entorno. Algunas personas, sobre todo quienes se mudan por causas ajenas a su voluntad, pueden caer en la tentación de comparar el lugar de orígen con el del nuevo destino para justificar la insatisfacción que sienten.

Cambios de empleo

Los cambios de lugar de trabajo, en especial cuando el cambio implica adaptarnos a una distinta cultura de trabajo, nuevos compañeros e incluso, nuevos departamentos y ubicación geográfica, puede ser un desencadenante de este mal de la soledad.

Cambios de filosofía de vida

No menos importante, es el cambio de filosofía de vida, el cual consiste en las asimilaciones que hacemos consciente o inconscientemente de situaciones que nos hacen cambiar la manera en que percibimos al mundo. Estos cambios de paradigmas tienen como consecuencia que nos relacionemos con el mundo de una nueva manera, una forma en la que posiblemente ya no continuemos en sincronía con quienes nos rodean. Esto, si no estamos preparados, puede llevarnos a sentir soledad.

Cambio de amistades

De igual forma, así como nosotros podemos mudarnos, cambiar de empleo, o de paradigmas, lo pueden hacer nuestros amigos e incluso, nuestra pareja. Estos cambios puede hacer que nos separemos física, mental o emocionalmente de ellos, lo cual nos puede llevar a manifestar esa aciaga sensación de soledad.

El patrón

Todos estos casos tienen un denominador común o causa que se repite que pudiéramos señalar como fundamental cuando surge la sensación de soledad: la desconexión con nuestro ser interior. Suele surgir cuando de manera errónea, creemos que hay un algo externo que nos completa y que damos por perdido, lo asumimos lejos o suponemos que ya no lo tenemos. La raíz de la soledad, es el miedo, en este caso, el miedo a estar desconectados.

La dinámica que surge que opera a nivel mental, emocional, sentimental, físico y energético, pudiéramos describirla así:

01. Hay un evento que nos hace sentir miedo.
02. Relacionamos ese miedo, con un pensamiento de que estamos solos.
03. Este pensamiento, lo asociamos a la creencia de que estar sólo nos hace vulnerables.
04. Los pensamientos que surgen de considerar “la situación”, hacen que la emoción de miedo, se convierta en un sentimiento de vulnerabilidad.
05. Esta vulnerabilidad, puede combinarse con otros sentimientos de desamor. Es decir, no nos sentimos apreciados o queridos por nosotros mismos y creemos que otros cubren la brecha.
06. Puede haber simultáneamente la creencia de que si no somos amados, apreciados o queridos, estamos en desventaja, somos vulnerables.
07. Estos sentimientos, hacen que maticemos lo observado, confirmando la predisposición a sentirnos vulnerables. Permanecemos irritables, incluso agresivos, y el llanto puede surgir con facilidad. Algunas veces, nos disfrazamos de cangrejos, es decir, nos hacemos de una coraza protectora que aísla nuestro verdadero.
08. El sesgo con que observamos la “realidad” evita que respondamos, y comenzamos a reaccionar, buscando con desesperación sentirnos seguros nuevamente.
09. El entorno percibe nuestra reacción de temor, y quienes están a nuestro alrededor, inconscientemente se repliegan. Este temor puede hacernos huidizos o confrontadores.
10. Se refuerzan los sentimientos de vulnerabilidad y surgen más pensamientos de abandono. Sentimos más miedo y el ciclo continúa en el punto 01, reforzándose a sí mismo.

Cómo intervenir el ciclo para que cese la ilusión de la soledad

Las emociones no pueden ser controladas, más si percibidas, así que en lugar de evitarlas, debemos enfocarnos en reconocerlas para así poder tomar cartas en el asunto. En el caso de la soledad, si estamos conscientes de nuestras emociones, podemos en primer lugar, detectar que ha surgido en nosotros una emoción limitante, luego, darnos cuenta que la emoción limitante es miedo, y un miedo específico: sentirnos solos. Comprender que en realidad este miedo es una máscara que oculta el verdadero rostro de la situación no deseada: la pérdida de conexión con nosotros mismos. Si aun no es capaz de reconocer sus emociones, practíquelo hasta que lo logre, el hecho de ser capaces de darnos cuenta de nuestras emociones, de identificarlas, es grandioso, una gran habilidad que nos traerá muchos beneficios.

Lo segundo que podemos hacer, una vez reconocida la emoción, es comprender que los sentimientos surgen de la combinación de pensamientos con emociones, en este caso, pensamientos que sostienen el miedo a sentirnos solos, vulnerables. En este punto, tenemos varias alternativas: la primera es cambiar el pensamiento limitante por uno que sea agradable y potenciador, este pensamiento bien podría ser un grato recuerdo que evoquemos, la atención en el momento presente, enfocarnos en la respiración o imaginar un futuro agradable. La segunda alternativa, es buscar un contraejemplo que nos ayude a comprender que en realidad no hay nada que temer.

Lo tercero que podemos hacer, es cambiar las creencias que nos llevan a pensar que estamos en una condición de vulnerabilidad. Tal vez podemos, cuestionar la creencia de debemos estar acompañados, o la creencia de que juntos necesariamente somos invulnerables.

Cuarto, podemos buscar una actividad en la que nos pongamos al servicio de otras personas, puede ser una actividad sin fines de lucro. Esto nos ayudará a darle sentido a nuestras vidas y a reconocer las bendiciones con que hemos sido honrados. Este cambio, hace que dejemos de ver lo que en supuestamente nos falta, para enfocarnos en lo mucho que tenemos para dar.

Vacunarnos contra la soledad

Piense en esto, sentir soledad es sinónimo de aislarnos de nosotros mismos, de nuestra verdadera esencia que no es más que amor, y adivine qué, el amor disuelve al miedo como la luz a la obscuridad. Si usted vive desde el amor, jamás se sentirá sólo. La vacuna contra la soledad no es la compañía, es el amor. Vívalo, siéntalo, conéctese con esa energía sutil y poderosa, deje que fluya a través de su cuerpo y sentirá que no hay ni tiempo ni distancia que nos separe. Si permanece lo suficientemente en calma, incluso podrá constatar que en realidad no hay separación y que todos estamos unidos en el amor. Se dará cuenta, que no importa cuán aparentemente lejos estén los seres a los que estima, el amor que siente por ellos reside en usted y lo conecta. Incluso, si la persona ya no se encuentra en este plano físico, el amor que siente por ella estará vivo en usted. Piense en esto, ¿Quién cree usted que lo ayudaría en una situación difícil que le ocurra en la carretera o en la calle? Yo he tenido la fortuna de depender de personas que jamás en mi vida había visto y que no sé siquiera cómo se llaman. En cada fortuita necesidad, esas personas anónimas, esos hermanos desconocidos, han estado allí para auxiliarme de manera desinteresada. Cuando recuerdo esos episodios, bendigo a esas personas y doy gracias por la oportunidad que tuve de constatar a través de esas experiencias, que no hay nada que temer, que mi familia es más grande de lo que la consanguinidad, la afinidad, o la camaradería me dejan ver. Si quiere evitar la soledad, el amor es la vacuna que lo mantendrá sano.

Lornis Hervilla © 2012

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2 comentarios el “¿Estas solo o… te sientes solo?

  1. Merli
    25 de julio de 2012

    Me he mudado en varias ocasiones y debo reconocer que he sentido la soledad a pesar de disfrutar de la compañía de mis hijos y esposo, pero con el tiempo he descubierto que esa soledad de la que hablo estaba en mi, en los apegos y pensamientos de lo que tenía antes que no me permitía disfrutar la novedad y comprender que cada día es una oportunidad de disfrutar la vida y que el estar conmigo misma es sabroso, que en cada lugar que voy consigo en mi camino seres maravilloso que hacen de la aventura de la vida un placer y seres que te ayudan sin saber a ser mejor, a crecer. Creo que solo abriendo tu corazón sintiendo el amor de dios, el universo, Jesús, como le quieras llamar logras ahuyentar a la soledad y el amor de Dios está en cada ser que pasa por tu camino.

    Me gusta

    • lhervi
      4 de agosto de 2012

      Merli la soledad no es más que la desconexión con nosotros mismos, con nuestra divinidad. Suele ocurrir cuando nos distraemos, pero prueba esto, haz una actividad que requiera toda tu atención, por ejemplo, escalar, hacer alguna actividad física que requiera que tu cuerpo responda rápidamente y verás que no te sientes sola. ¿Por qué? No te sientes sola en esos momentos, porque no tienes tiempo de dedicar pensamientos de deber ser, la actividad te obliga a mantenerte en el presente. Por esta razón, algunos se enfrascan en trabajos o distracciones. Pero esta no es necesarimente una manera ecológica de salir de ese estado mental. Hay que ser conscientes de qué podemos hacer y en qué cantidad. Lo mejor es relajarnos, al punto de sentir los latidos de nuestro corazón, y quedarnos así un rato hasta que sintamos nuestro ser.

      Un beso y gracias por tu valioso comentario.

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Esta entrada fue publicada en 25 de julio de 2012 por en Amor, Apego, discernimiento, enamorarse, querer, Relaciones, Sin categoría y etiquetada con , , , , , , , .
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