Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

Ser como flechas

En una oportunidad, conversaba con una joven que se quejaba de su suerte, en especial porque para conseguir los logros que había cosechado, había sido necesario hacer algunos sacrificios, y esforzarse constantemente. Escuché lo que me decía con curiosidad, y recordé una vez había pensado en algo similar, pero a diferencia de ella que era muy jóven, yo había tenido la oportunidad de darme cuenta años después de que esos esfuerzos me habían ayudado a tener más fortaleza.

Recordé los días en que decidí practicar fútbol en una escuela de ese deporte bastante competitiva. Entre los compañeros de mi sección del segundo año de bachillerato, yo resaltaba y entre ellos lo hacía bastante bien, pero cuando llegué a esa escuela de fútbol, todo fue muy diferente. Jamás en mi vida había hecho tanto ejercicio, recuerdo que el entrenador nos decía frases desafiantes constantemente, creo que para desalentar a quienes en realidad no deseaban estar allí. Por ejemplo, nos decía que corríamos como niñas, que parecíamos un grupo de gorditos beisbolistas, que el fútbol no era para flojos, que había que tenerlas bien puestas para jugar, en fin, se divertía (es lo que creo ahora) haciéndonos correr a fuerza de amor propio que para los trece años que tenía en aquel entonces, tenía un peso significativo.

Resistí la primera semana por puro orgullo, además de que al final del entrenamiento, mientras viajaba adolorido a mi casa ubicada a unos cuarenta kilómetros, inexplicablemente para mí en aquel entonces, me sentía bien. Seguramente la oxigenación tuvo un factor importante, también probarme y conocer mi límite, era importante para mí. El entrenamiento en la segunda y tercera semana, se hizo rutinario a nivel mental. Primero pensaba que yo podía hacerlo, ya que otros podían, y quería demostrarme a mí y al entrenador, que no era un flojo beisbolista o una niña llorona, o cualquiera de sus otras frases retadoras. Luego, lo segundo, era cuando llegaba al sitio del entrenamiento. Me cambiaba y mientras lo hacía, pensaba en que ese día sí me iba a sentir mejor que en el entrenamiento anterior. Miraba a los otros compañeros que tenían más tiempo que yo, y pensaba si era posible que fisiológicamente fueran superiores. Luego, cuando ya el entrenamiento entraba en calor, pensaba una y otra vez “¿qué demonios hago yo aquí?”, “¿será que soy masoquista?”, “¿para qué vienes si nadie te obliga?”. Todos esos pensamientos se arremolinaban en mi cabeza, mientras mi boca permanecía abierta como la de un pez agonizando fuera del agua, y mi fiel corazón galopaba desesperado para complacer el deseo de probar que sí podía lograrlo. Lo último, era esa paz que sentía cuando ya el entrenamiento terminaba. Dos horas de ejercicios agotadoras me sumían en una paz y quietud que no había experimentado antes y que comencé a apreciar cada día más. Además, sin estar consciente de ello, algo en mi interior se fortalecía al mismo tiempo y se desarrollaba a la par de mi resistencia, y eso también lo apreciaba. A los tres meses de haber comenzado a entrenar, ya había superado los dolores abdominales y de las piernas, las ganas de dejarlo todo a mitad del entrenamiento y me sentía estupendamente, estaba feliz de haber persistido y sabía que era cuestión de tiempo lograr mejorar lo suficiente para formar parte del equipo que competía.

Luego de cuatro o cinco meses, mis condiciones eran muy buenas, llegaba en los primeros lugares cuando después de trotar y era de los más rápidos al correr, además mi técnica había mejorado considerablemente, así que formé parte del equipo B y luego de una temporada, pasé al equipo A. Esa experiencia me enseñó que a pesar de las dudas que podamos tener sobre nuestras capacidades, es cuestión de encontrar la fuerza interna de seguir adelante, incluso apartando los pensamientos limitantes o haciéndonos oídos sordos a los que otros nos dicen para que desistamos. A través de esa experiencia, aprendí implícitamente el valor de la constancia y el compromiso con nosotros mismos, era algo que quedó grabado en mí y que me permitió alcanzar otros logros que reforzaron lo aprendido, pero sin saber que lo sabía. Hicieron falta más de veinte años para comprenderlo, lo cual era casi la edad de la chica que se quejaba.

Le pedí entonces que pensara en una flecha. Le dije: “Imagina que tomas una flecha con tu mano, y la lanzas contra un blanco. ¿Crees que se clavaría?”.  “No”. me respondió, mientras me miraba con curiosidad. “Bueno, nosotros somos como flechas. Para que demos en el blanco, debemos ser impulsados de cierta manera, no simplemente lanzados. Para que la flecha sea efectiva, no basta con que golpee el blanco con su cuerpo, es necesario que sea justo su punta la que de en ese blanco, sólo así es efectiva. ¿Estas de acuerdo con eso?” Le pregunté. “Si, claro”. Respondió ella. “¿Sabes también, qué sólo el impulso controlado sobre la flecha, no es suficiente para que de en el blanco?” Le pregunté mientras la obervaba, y noté su expresión reflexiva. “¿Has visto las plumas que le colocan a las flechas en su parte final? ¿Sabes para qué son? Si no las colocaran la flecha no seguiría una línea recta. Es justo ese lastre, eso que refrena su velocidad, lo que permite a la flecha incidir con lo que la hace letal. Ese lastre para nosotros lo forman las pesonas y situaciones que nos ofrecen cierta resistencia. Esas personas o situaciones son nuestros maestros. ¿Te imaginas a una persona en un gimnasio quejándose de tener que hacer fuerza y levantar cosas pesadas? Es justo la resistencia que ofrecen las pesas lo que le permitirá desarrollar sus músculos. Sin resistencia que superar, no desarrollaríamos los músculos de la paciencia, la persistencia, el esfuerzo, la credibilidad en nosotros mismos, e incluso la Fe. Así que demos gracias a esas personas o situaciones que nos han permitido conocer lo mejor de nosotros, y seamos como flechas”.

No dijo nada más, su atención se había vuelto hacia adentro y supuse que apuntaba a lo más profundo de su ser.

 

Lornis Hervilla © 2012

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6 comentarios el “Ser como flechas

  1. CCHZ
    24 de julio de 2012

    Ciertamente todos vivimos situaciones parecidas! Nadie se escapa de tener momentos difíciles, particularmente el servicio militar para mi fue inolvidable, especialmente los primeros 6 meses cuando existía la oportunidad de abandonarlo todo, levantarte a diario a las 5am, mal desayunar, correr o trotar todo el día (si caminabas de seguro estabas en problemas), pelear por un puesto para cepillarte los dientes, bañarte en dos minutos, vestirte en uno, vigilar hasta tu ropa interior, ser golpeado sin razón, humillaciones… para alguien q habituaba a siempre estar MUY calmado y tomarlo todo a la ligera es un shock, recuerdo bien que en esos días me preguntaba noche a noche “¿dios, que estoy haciendo en esta m…? merezco algo mejor!” ahora tengo eso que era mejor, hoy entiendo que seguramente mi actitud no hubiera cambiado tanto a no ser por todas esas situaciones totalmente incomodas, no se a quien o a que agradecer, realmente ahora no recuerdo que razones encontraba diariamente para soportar todo aquello aun cuando fui tentado de muchas maneras para que lo hiciera a un lado, pero de algo estoy seguro, todo lo que paso entonces, me ayudo a ser lo que soy ahora, por todo eso gracias. Mi manera de ver las cosas cambiaron, mis esperanzas están renovadas, mis fuerzas también, ya he cumplido varios de mis sueños de vida y se que los otros están solo a un paso… lo que en mi aumento de manera considerable fueron las ganas de hacer las cosas, las cosas que quería y no me atrevía, las que pensaba que no podría hacer y las que soñaba también.

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    • lhervi
      24 de julio de 2012

      Gracias por decidirte a participar hermano, ya te había borrado del facebook y de mis contactos, jaja. Hablando en serio, yo soy testigo de todo ese proceso que mencionas, aunque realmente no sabía que habías hecho un análisis tan profundo de lo vivido, lo cual me llena de mucha satisfacción porque da muestras de tu madurez, y sobre todo, porque es un signo de tu evolución. Cada vez que somos capaces de capitalizar un aprendizaje de TODO lo que vivimos, ganamos. Siempre estamos ganando cuando aprendemos y podemos aprender siempre, más hacerlo pasa por tener la disposición, comprender que no somos víctimas sino que estamos en un proceso de aprendizaje en este plano físico, que en realidad la vida es amor y que aunque no lo comprendamos al momento, lo que ocurre nos hará mejores, en fin… por comprender que el mundo somos nosotros pues, somos nosotros quienes le damos sentido.

      Un abrazo hermano, espero seguir contando con tus comentarios, sugerencias y preguntas.

      Me gusta

  2. teresa
    24 de julio de 2012

    que bonita pagina felicitaciones Lornis los mensaje
    que das estas reflexiones son muy interesantes dios te siga dando sabiduria

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    • lhervi
      24 de julio de 2012

      Gracias por participar y tomarse un tiempito para pasearse por este espacio digital señora Teresa. Creo que si todos compartiéramos nuestras experiencias de una manera positiva, y usáramos los medios disponibles para ello con el fin de inspirar a otros y hacer un mundo mejor, lograríamos cambios que irían más allá de lo que imaginamos. Por favor, siga participando con sus comentarios, reflexiones, sugerencias o preguntas.

      Un abrazo

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  3. yrangela
    25 de julio de 2012

    Excelente !
    Onepointed, unidireccion, Sin enfoque mas teson y constancia, corremos el riesgo de diluirnos en el viento del camino.
    Gracias por el recordatorio hermanazo!

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    • lhervi
      25 de julio de 2012

      Amiga! Gracias por dedicarle un tiempito a las reflexiones.
      Un abrazo

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Esta entrada fue publicada en 24 de julio de 2012 por en discernimiento, PNL, Ser y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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