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El espejo que refleja nuestro interior

Seguir o no seguir, he ahí el dilema

Seguir o no seguirEn el momento en que escribo estas líneas, me sintonizo con todas aquellas personas que decidieron hacer una vida junto a otra. Sería irresponsable si dijera que conozco como son en promedio las relaciones, pero me siento tentado a creer que hay una estructura similar que las subyace, una especie de denominador común que nos permite ponernos en los zapatos de los otros cónyuges, especialmente en los zapatos de aquellos a quienes les corresponde andar por el aciago camino que sirve de título a este post: “Seguir o no seguir”.

Yo en lo personal reconozco que soy un creyente de la vida en pareja, me encanta eso de juntarse con alguien que te gusta, que te encanta, que te emociona, al que amas, con el que disfrutas compartir, esa persona a la que escogerías para hacer un viaje alrededor del mundo o hasta una lejana galaxia. Bueno está bien lo admito, tal vez soy un romántico, pero lo cierto es que de corazón considero que una vida en pareja es gratificante, con los altos y bajos que puedan surgir, y no sólo porque me gusta dormir abrazado, o porque me encanta llegar a mi casa y saber que hay alguien que me espera o viceversa, sino porque sinceramente creo que vivir con esa persona especial hace que la vida sea más interesante. Sin embargo, debo reconocer que algunas veces hay situaciones que ponen las cosas un tanto desagradables. Es evidente que cada uno de nosotros es un individuo y como tal, tiene sus particularidades, sus cosas, sus manías y sus “defectos”. De este conjunto, podemos decir que hay algunas cosas que nos serán indiferentes, otras que no lo serán tanto y otras que definitivamente se son dificilísimas de tragar. Por ejemplo, puede que nuestra pareja sea hincha del equipo rival al que apoyamos y sin embargo, disfrutemos juntos un partido entre esos equipos. Tal vez sus preferencias políticas sean radicalmente opuestas y a pesar de ello, establecer una sana discusión o ir justos a ejercer el sufragio. Pero puede haber por allí, algo que hagamos o que nuestra pareja haga que definitivamente es más que una piedrita en el zapato.

¿Qué hacemos entonces?

Ante este descubrimiento, de esas cosas que definitivamente no nos gustan, o mejor dicho, nos disgustan de manera extrema, hay otros factores que considerar: la frecuencia de ocurrencia, y nuestra capacidad de resistir ante los embates de la situación.

Respecto a la frecuencia, podríamos suponer que mientras más separados en el tiempo estén los eventos que nos desagradan menos probabilidades hay de plantearnos la pregunta: ¿Seguir o no seguir? En cualquier caso, sea frecuente o esporádico lo que esté ocurriendo, deberíamos conversar con nuestra pareja para buscar de manera conjunta la forma de mitigar los efectos del evento y tolerar lo que corresponda o sea inevitable que ocurra, una vez hecho todos los esfuerzos de parte y parte.

  • Buscando internamente: La primera búsqueda debe ser interna, sólo o con ayuda de nuestra pareja, buscar qué es lo que ocurre en nosotros cuando sucede ese evento que nos desagrada en tal medida que nos cuestionamos el seguir en la relación. Verificar si es por alguna creencia limitante, o si es producto de nuestra imaginación.
  • Buscando en lo exterior: En realidad, todo ocurre en nuestro interior, porque lo que ocurre “afuera” es captado e interpretado por nuestro sistema neurológico. Entonces, para ponernos de acuerdo, digamos que lo “externo” es el entorno, el contexto y partiendo de allí, analicemos cuáles son esas condiciones que propician que nos descoloquemos y pensemos en dejar o no la relación. Para ello, nos será muy útil responder estas preguntas:
    • ¿Qué es lo que ocurre?
    • ¿Qué lo activa?
    • ¿Dónde ocurre?
    • ¿Quién o quiénes están presentes?
    • ¿Qué pensamientos, sentimientos, emociones y acciones están presentes en nosotros en ese momento?
    • ¿Nosotros lo provocamos?
    • ¿Podemos dejar de provocarlo?
    • ¿Depende de nosotros su ocurrencia?

Responder estas preguntas, si es posible por escrito, nos va a permitir comprendernos mejor. Es muy importante no caer en juicios, críticas o descalificaciones cuando se haga este ejercicio. Debemos simplemente analizar los hechos y dejar a un lado los calificativos, si lo hacemos así, el ejercicio no nos traerá ningún beneficio y tal vez lo que hagamos sea agravar la situación.

Una vez hecho el análisis interno y externo, dejemos todo a un lado y reposemos al menos dos horas o el tiempo que considere necesario. Salga a caminar, ríase un rato, comparta una agradable conversación, lea un libro, escuche un audio motivador o vea una película inspiradora. Algunas personas nos eleva trabajar el jardín y sentir el contacto con la tierra, percibir su olor, sentir el placer de regar las plantas y mirarlas con atención, a otras hacer ejercicios al aire libre, caminar, o nadar un rato. En fin, busque la manera de elevarse para que desde esa altura de el siguiente paso.

Releyendo el análisis

Cuando ya se sienta bastante bien, retome el análisis, lea lo que escribió y corrija si considera que hay algo exagerado o si cayó en el error de colocar juicios, críticas o calificativos innecesarios. Asegúrese de que lo que quede esté limpio de todo eso, que exprese de manera respetuosa, honesta y sincera lo que realmente percibe de la situación. Ahora ya está preparado para revisarlo con su pareja, pero cuidado, asegúrese antes de que su pareja se encuentre dispuesta a hacerlo, verifique que su estado emocional es el indicado y explíquele antes su intención, dígale que requiere su ayuda para superar algo que le resulta difícil. Tal vez sea buena idea compartir esta lectura, incluso puede que ella también quiera hacer este mismo ejercicio.

Luego de revisar el tema, analizar las causas internas y externas y conversar con su pareja para comprenderlo mejor, lo siguiente es revisar si ahora el evento tiene el mismo impacto. Cuando nos damos cuenta que lo que nos desagrada parte de una creencia limitante, un paradigma que filtra la realidad de tal forma que la distorsiona de manera perturbadora, entonces podemos elegir otra perspectiva, movernos hacia otra creencia que nos permita superar la condición anterior. La PNL propone diversas técnicas para hacer este tipo de cambios, en una próxima entrega hablaré de ellas. También puede pedir ayuda a un terapeuta formado en PNL para que lo oriente. Mientras, pregúntese si hay quienes ante la misma situación no responden como usted lo hace y averigüe por qué, qué creencia tienen al respecto, que los hace ser inmunes. Luego, póngase en sus zapatos y pruebe si es posible que usted también asuma ese punto de vista.

Luego de superar el análisis de creencias, y si es necesario aún, trabaje ahora en la frecuencia de ocurrencia, piense en cómo puede hacer para que el evento no ocurra jamás o al menos no ocurra con una frecuencia tal que le sea perturbador, es muy probable que si ocurre de forma esporádica, pueda tolerarlo. Converse con su pareja respecto a esta frecuencia de ocurrencia, tal vez a su pareja se le ocurran buenas ideas o tenga alguna solución para lograr lo mismo de otra forma, una en la que ambos se sientan bien y satisfechos.

¿Qué hacer si los eventos son frecuentes de una manera tal en que comienzan a hacer mella en nosotros?

Es lo que yo llamaría el síndrome de la gota de agua, que va socavando la roca en la que se cimienta la relación. Con el pasar del tiempo, esa gota de disgusto frecuente hará que la relación se resquebraje o al menos se perturbe, y es muy probable que comiencen síntomas de agresión pasiva tales como sarcasmos, o incluso, venganzas inconscientes como omisiones, o “accidentes” que perturban al otro, o agresiones conscientes como indirectas, o enfrentamientos por cosas intrascendentes. Para evitarlo, será necesario que la pareja actúe con madurez, que haga uso de sus mejores dotes de comunicación asertiva, y de que ponga real interés para superar esta situación. Creo que siempre hay maneras de buscar posiciones en las que ambos ganen, en las que queden realmente satisfechos, siempre trabajando y llegando a acuerdos en conjunto.

Respecto a la capacidad de resistir los embates, debo decir que una vez que se ha superado el tema de la frecuencia, puede ser que aun quede la probabilidad de que el evento surja, no tan frecuente como si no se hubiera conversado, pero que de igual forma surja. Si se atendió lo de la frecuencia y se llegó a un acuerdo, lo segundo, la capacidad de resistir el embate, será mayor. Tal vez se pregunte por qué digo esto, pues porque estaremos preparados para que el evento ocurra y sabremos apreciar el esfuerzo que hace nuestra pareja para evitarlo. Pero si no hemos conversado al respecto, si no hemos llegado a un acuerdo ganar-ganar con nuestra pareja respecto a la frecuencia, si no hemos puesto las cartas sobre la mesa para explicarle que ese determinado y odioso evento nos es en extremo desagradable entonces, definitivamente estaremos mucho más vulnerables para resistir la ocurrencia del mismo y no le habremos dado a nuestra pareja la oportunidad de hacer algo.

¿Y los casos extremos?

Es bueno mencionar aquí que hay eventos que definitivamente no son negociables. Por ejemplo, la violencia física y psicológica no debe ser tema de discusión, si una persona es víctima de algo así, estaríamos hablando ya de una situación peligrosa en la que la negociación no sería la alternativa. Tampoco es negociable dejarse someter o someter a la pareja a hacer cosas que no desea, en especial, si nos sentimos degradados como seres humanos. La dignidad humana, nuestra seguridad física y mental, y nuestra espiritualidad no deben estar en juego, ni deben ser negociadas.

¿Entonces, seguir o no seguir?

He ahí el dilema, seguir o no seguir. Como lo dije antes, soy un creyente de que vivir en pareja es agradable, útil, delicioso, y también creo que todos a quienes lo disfrutamos, a quienes nos gusta compartir de esta manera, somos capaces de encontrar oportunidades para encender la llama y mantenerla con suficiente calor, de revivir la pasión, de darle un impulso a la cosa para brindarle nuevos aires, y ese proceso en sí mismo es hermoso, además de que nos permite ser creativos y amorosos, y a su vez le da estabilidad a esta sociedad enloquecida en la que los caminos fáciles están a la vuelta de la esquina.

Vivir en pareja no es para nada el camino fácil, es el camino para los valientes, los que tienen sangre en las venas, los que tienen un corazón amoroso en el pecho latiendo con fuerza. Comprendamos que quienes elegimos este camino, nos encontraremos con retos, con situaciones incómodas que nos exigirán revisarnos, cambiar para mejor, y aunque sin duda habrán momentos en el que pensemos en decir “a dios”, esa opción debe ser el último recurso y no deportivamente el primero. Imagino esa opción, así como esos botones especiales que aparecen en algunas películas, esos que están protegidos por una cubierta blindada y que para poder presionarlos se requieren dos personas con llaves únicas y una combinación especial.

La pregunta “¿Seguir o no seguir?” pasará por nuestras mentes en ocasiones, pero estas situaciones deben ser excepciones y no la regla, si así fuera, si nos preguntamos esto con regularidad, entonces es que algo anda mal y lo mejor será conversarlo con nuestra pareja para buscar ayuda. Pero si la pregunta llega a nosotros muy de vez en cuando, entonces no nos angustiemos, es normal, somos seres vivos en permanente cambio.

En definitiva, esto a lo que llamamos vida, un viaje. Entonces, ¿Para qué hacerlo solos, si lo podemos hacer bien acompañados?

Lornis Hervilla © 2015

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Un comentario el “Seguir o no seguir, he ahí el dilema

  1. Lorena Reyna
    11 de octubre de 2015

    Super interesante Lornis , creemos que solo la violencia es fisíca , pero no !! es bien desgastante mentalmente ya que estar escuchando descalificaciones a diario no es nada grato. llega un momento que te lo crees……tienes que estar muy atento de tí para saber que no es así, pero como tu lo dices en una sociedad enloquecida son muy pocos los que puedan reconocer quienes son realmente y no ser afectados.

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Esta entrada fue publicada en 8 de octubre de 2015 por en Apego, Pareja, Relaciones y etiquetada con , , , .
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