Reflexiones senoixelfeR

El espejo que refleja nuestro interior

Encuentro con las regresiones

sombras

Se dice popularmente que “al nacer, lo único que tenemos seguro es la muerte”, sin embargo algunas personas rehuyen el tema y la cosa se puede hacer más escabrosa cuando además se habla de lo que ocurre después de que el cuerpo físico deja de estar animado.

Hace años,  esta frase sobre la vida y la muerte me parecía una cruda y dura verdad. Luego, tuve la fortuna de tener una experiencia que me ayudó a perderle el miedo a la muerte, esto fue mucho antes de pensar si quiera en hacerme terapeuta y menos en pensar en vidas pasadas. De cómo fue que perdí el miedo a la muerte lo hablaré en otro momento, en esta oportunidad quiero hablar de cómo me inicié en lo de las regresiones.

Hace años, tuve una serie de dificultades en mi vida que me llevaron a buscar ayuda profesional. El terapeuta que me asistió, un reconocido psiquiatra, hacía regresiones sin embargo, en ese momento ni él ni yo consideramos la regresión como una posibilidad. Luego de algunas sesiones, y dado que yo no observaba que hubiera mayores avances, decidí preguntarle acerca de las regresiones proponiéndole que exploráramos ese método, a ver si encontrábamos la clave a lo que deseaba averiguar y cambiar con esa técnica.

Con una extraña mezcla de escepticismo y curiosidad me sometí al proceso hipnótico que se requiere para acceder a estas memorias. El resultado fue más que decepcionante, en mi ignorancia, pensé que yo reviviría “la película de mis vidas pasadas”, lo cual no fue así y peor aún, cuando comenzaron a aparecer los primeros recuerdos, mi entrenada mente crítica de ingeniero de sistemas, se encargó de sabotear el proceso en cuestión con un montón de preguntas. “¿Esto es un recuerdo o lo estoy inventando? ¿Cómo puede ser que esté recordando esto? ¿Si estoy recordando, cómo puede ser que aun mantenga contacto con el terapeuta y sepa incluso que estoy en un diván?” En fin, me hacía muchas preguntas desde mi afilado cerebro izquierdo, creo ahora que en el fondo, tenía un poco de miedo en el fondo de que realmente hubiera vivido antes. Esa sesión fue decepcionante, sin embargo y afortunadamente para mí, mi terapeuta era un psiquiatra experimentado que conocía los rasgos de mi personalidad analítica, y pacientemente me convidó a que probara en otra oportunidad. Luego de pensarlo, decidí probar otra vez, con menos ansiedad y más valor me dejé llevar a través del proceso hipnótico y el resultado fue totalmente diferente, mejor del esperado por mí. No sólo llegaron más y mejores recuerdos, sino que los que vinieron me permitieron comprender lo que deseaba saber. Recuerdo que en aquel entonces quedé profundamente sorprendido al caer en cuenta de que en la eternidad, podemos reencarnar como hombre o mujer y cualquier país y bajo cualquier condición. En esa vida en particular, a la que mi inconsciente decidió llevarme, era una mujer esclava que había sido arrancada a la fuerza de su familia desde muy pequeña, tendría cuando mucho, once años. Desde ese momento, fue una larga y triste vida de duro trabajo, sin ningún tipo de alegría, sólo arduo trabajo y malos tratos, los más despiadados. Más que sufrir, fue una vida en la que decidí ocultarme en lo más profundo de mi ser, bloqueando toda emoción, imagino que fue la manera de sobrevivir ante tanta ignominia. Me convertí así en una autómata, que sólo trabajaba, un zombi que murió sola y triste, acompañada escasamente por un par de matronas esclavas ya ancianas que le hicieron compañía, más por lástima que por afecto, en una pobre habitación. La verdad es que me di cuenta que en esa vida, ya había muerto mi parte humana el día en que el barco me alejó de la costa africana, desde ese momento, mi cuerpo tenía vida, pero mi alma, se encontraba perdida, escondida, triste, muy triste. Fue una vida vacía y sin alegrías. De las reencarnaciones recordadas, esa vida en particular fue la que más me impactó, porque jamás pensé que un ser pudiera vivir tan triste en el mundo. Ahora, me correspondía a mi transformar esa experiencia de tristeza en algo que valiera la pena, quería ser capaz transformar todo eso, en algo positivo, pero en aquel entonces no sabía cómo. Respecto a la terapia, decidí explorar tres o cuatro vidas más, en parte por curiosidad, en parte por la emoción de saber que había vivido antes, quería saber más de mis otras existencias en este plano. Jamás imaginé entonces, que tendría la oportunidad de hacerme terapeuta unos años después, y mucho menos en que aprendería a guiar a otros hacia los recuerdos de sus vidas pasadas. Como recomendó alguna vez Steve Jobs, “conectando los puntos hacia atrás”, me doy cuenta que la vida de esa pobre chica me impulsó en esta encarnación a encontrarme con la experiencia de recordar vidas pasadas, técnica que posteriormente emplearía como terapeuta para ayudar a otros  a reencontrarse consigo mismos. También siento que ahora valoro más la libertad que en esta vida disfruto, agradecido por la oportunidad de tener las riendas de mi vida.

A los años de haber vivido esa experiencia me hice terapeuta. Un día, asistí a un paciente que había sufrido cuando niño de situaciones de violencia física y psicológica por parte de su padre. Bajo hipnosis, lo ayudé a ir hasta ese momento de su pasado como el hombre que era ahorita para que reconfortara a ese niño que se encontraba atemorizado. Le pedí que fuera hasta el lugar y el momento en que ese niño que alguna vez había sido él, se encontrara asustado, y me dijo que el niños estaba escondido debajo de una mesa, le pedí que lo abrazara, que lo consolara, que le dijera que todo iba a estar bien y cualquier otra cosa que considerara pertinente.  No estaba seguro si iba a resultar, pero con grata sorpresa constaté que había sido un éxito, consoló al niño y le dijo que todo estaría bien, le dió las gracias por haber resistido. Le sugerí que le dijera que cuando lo necesitara, podía contar con él, no sólo funcionó, sino que desde ese momento el señor dejó de tener los ataques de pánico que había padecido. Entonces, un día, en meditación profunda, fui y me comuniqué con la chica triste que había sido en una de mis vidas, y le di las gracias por haber dado aquella experiencia, la envolví en luz rosa, y le dije que podía contar conmigo. Le brindé el amor que en su momento no había recibido y me sentí mejor al hacerlo.

Desde que me he dedicado a emplear las regresiones dentro de las terapias que hago, no he dejado de sorprenderme gratamente con los resultados obtenidos. Claro está, la regresión no es la panacea o fórmula mágica que lo explica o soluciona todo, pero en los casos en que la he empleado, ha resultado ser una herramienta muy eficiente.

En una próxima entrega, hablaré sobre otras experiencias gratas que he tenido la fortuna de vivir con la terapia de regresiones.

Lornis Hervilla © 2014

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Esta entrada fue publicada en 28 de julio de 2014 por en consciencia, PNL y etiquetada con , , , , , .
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